
Artículo de portada del Nº 10, del 7 de agosto al 7 de septiembre de 2006
Por: Pedro Portugal M.

Una faceta poco conocida de uno de los «sabios» reverenciados en Bolivia, que en la actualidad también se ve en algunos «indigenistas»
Una de las miserias de países colonizados, como Bolivia, consiste en que es tierra de aventura para cualquier extranjero que desea alcanzar riqueza, fama y celebridad: No solamente en el sentido de acumulación de riqueza material, sino también de apropiación de capital intelectual.
Así sea el investigador extranjero serio o estrafalario, está seguro de encontrar abundante materia prima de estudio y de contar con la protección y servil aquiescencia de las autoridades locales. Tendrá, además, como prima la admiración abobada de la intelectualidad criolla (y también nativa) por sus hallazgos y genialidades. El mecanismo propio de la investigación científica se ve así perturbado por las condiciones específicas de la situación colonial que vivimos. Cualquier estudioso «gringo» caerá en la trampa de este condicionamiento: La única diferencia es que esta situación a unos puede complacer y a otros incomodar.
En el proceso de descolonización en el que están empeñados los pueblos indígenas de Bolivia, es importante tomar en cuenta esta realidad, pues constituye el reclamo para la necesaria insurgencia de un pensamiento claro y propio que alumbre y acompañe este proceso. Este proyecto está en construcción. Aún no se manifiesta con todo su vigor porque los mismos intelectuales originarios padecen, aún sin saberlo, del fenómeno que se ha dado en llamar la colonialidad del saber .
Esta forma de dominio colonial no se manifiesta únicamente en la negación de la identidad y en la alienación hacia valores y pensamientos extranjeros, sino también en la defensa errada de la identidad indígena. Hacer de lo indígena una «cosmovisión» idealizada e idealizante, no es trabajo intelectual serio, sino desfogar el ansia por revalorizar lo nuestro, irónicamente basándonos frecuentemente en escritores y teóricos occidentales.
Esta forma de imposición occidental la encontramos, para dar un ejemplo, en la teoría sobre el alfabeto en lenguas nativas actualmente en vigencia en Bolivia. El desorden de los alfabetos para estas lenguas vigente hasta la dé-cada de los años 80 del siglo XX, fue «resuelto» por una misión académica de la Universidad de Florida. Se definió así para el aymara una estructura en los límites y características de la confrontación y antagonismos entre escuelas y tendencias propias al mundo académico occidental. Lo sarcástico del caso es que ahora muchos aymaras consideran ese resultado como «el verdadero alfabeto aymara», ignorando los esfuerzos anteriores de varios teóricos andinos para establecer un alfabeto propio e incluso siendo mediocres en el conocimiento de los parámetros en los que se da la polémica al interior de la lingüística occidental.
Esta coacción intelectual se da también en formas menos serias y más peligrosas. Por ejemplo las elucubraciones de Jim Allen sobre la supuesta sede de la Atlántida en el altiplano boliviano, motivo de alegre adhesión de algunos «intelectuales» bolivianos e indígenas. En el mismo sentido tenemos también las disquisiciones que sobre raza hizo en la década de los años 40 del siglo XX Arthur Posnansky. En los estertores de la Segunda Guerra Mundial y en pleno delirio de las teorías racistas nazis, Arthur Posnansky se atrevió a defender esas presunciones ¡apoyándose nada menos que en las poblaciones indígenas de Bolivia!
En un opúsculo editado por el Instituto «Tihuanacu» de Antropología, Etnografía y Prehistoria1 , Posnansky indica que primitivamente hubo dos tipos de razas, una «dolicocéfala, braquiprosopa, platirrhina, de caracteres más primitivos o teromorfos», y otra «cuyas características serían la braquicefalia, la leptoprosopia y la leptorrhinia, evidencia todas las señales de una raza evolucionada en alto grado». Estas razas serían raras actualmente en estado puro en el resto del mundo debido al mestizaje, pero se las en-contraría en la región andina. Posnansky, emocionado, escribirá: «Pero muy raros, excepto en la región andina, —la parte más antigua del continente americano—, son los conjuntos humanos que, conforme a la moderna Antropología, podríamos calificar de ‘raza'».
Para este personaje, «afortunada-mente, aquí en Sud América, especialmente en la sección andina, la parte más antigua del continente desde el punto de vista geológico hallamos aún, grupos raciales casi puros entre los genuinos Aruwakes, los Puquinas, los Urus, los Chipayas y los Khollas, estos últimos llamados así por los antropólogos bolivianos y que habitan en las grandes comunidades indígenas de la sección cordillerana». Habrían pues entre los indígenas de los Andes dos razas primordiales o «urrassen» (también Urrassen, término técnico germánico que significa «raza fundamental» o «raza primigenia»): la raza de los khollas y la raza de los aruwakes.
Los khollas constituían un pueblo conductor, superior en capacidad mental, y dinamismo, un pueblo luchador, organizador y de grandes cualidades morales; tenían «un enorme adelanto en la ciencia agrícola, astronómica y arquitectónica: en resumen, un pueblo de «Fuehrers», pero en número relativa-mente pequeño y cuyas condiciones fisionómicas y de carácter, los asemejan bastante a ciertos pueblos del «Asia anterior». Siguiendo a Posnansky, del seno de los «khollas» salieron primero los «Willkas» y más tarde los «Inkas», como también coetáneos o posteriores a estos, los grupos de mandones que edificaron las grandes «Huscas» en la costa del Pacífico (Perú). «Eran, los individuos pertenecientes a esta RAZA—recalcamos el término raza—, los autores de las importantes culturas de la costa del Pacífico. Estos que siempre existieron en escaso número, se extendieron por el Sud, hacia la Argentina y Chile y por el norte, hacia el Perú, Ecuador, Colombia hasta Centroamérica, México y aún más al norte...»
Los aruwakes son fundamentalmente los urus, puquinas y los indígenas del oriente boliviano. Éstos, para Pos-nansky, tienen expresión «embotada», mandíbula sin carácter y constituyen, al igual por ejemplo que los japoneses y los eslavos, «una RAZA RETARDADA (Las mayúsculas son de Posnansky. n.d.a.), una raza de manada que, si carece de un buen «Fuehrer», es fácil de dispersar y de vencer».
Este autor indica que es posible encontrar ejemplares «puros» de la raza kholla en la región andina y publica algunas fotos en sus artículos. Lo mismo respecto a los de raza aruwake. El factor para distinguir una raza de otra son los «standard craneanos», parámetros e índices de una tipología racista en boga entonces entre algunos «científicos».

La pose racista de Posnansky es inapelable, al punto que los editores de América Indígena , órgano del Instituto Indigenista Interamericano, se vieron obligados colocar una nota aclaratoria en uno de sus artículo, indican-do: «Sentimos no estar de acuerdo con nuestro distinguido colaborador el Prof. Ing. Arthur Posnansky, respecto a la existencia de grupos indígenas cuya capacidad mental sea innatamente superior o inferior a la de otros, pues sería tanto como adoptar una posición racista lo cual está en pugna con el criterio científico moderno y con los ideales del Instituto Indigenista Interamericano»2. Y es que Posnansky pretendía lanzar una cortina de humo atacando algunos postulados del racismo hitleriano, en particular el criterio somático para definir las razas, afirmando que en este campo «no hay razas superiores ni inferiores. Solamente en el intelecto, —sobre el cual casi no influyen los factores externos—, hay razas superiores e inferiores.» Lo curioso es que pretende establecer esta diferencia a través de medidas craneanas que se manifiestan, justamente, en el campo somático.
Este personaje es bastante preciso en sus intenciones: «El fenómeno que evidencia realmente la existencia de razas superiores e inferiores, tiene su plena comprobación, como en ninguna otra parte del mundo, en nuestro Altiplano. Si se visita las escuelas rurales indige-nales y se separa en las aulas,—como yo lo hice—, a los niños de tipo kholla (braquicéfalos leptorrhinos) de los del tipo Aruwak (dolicocéfalo, mesorrhino y platirrhino) y se examina separada-mente a cada uno de esos tipos, aisladamente, investigando por ejemplo su reacción al explicar la utilidad de un objeto o la causa y efecto de un hecho, las respuestas que de unos y otros se obtengan, convencerán— con toda evidencia—que hay intelectualmente, razas superiores e inferiores entre los que llamamos ‘indios'; pues, los del tipo ‘kholla' piensan y obran concretamente, mientras que los del tipo ‘aruwak', lo hacen en forma abstracta.».
Posnansky llama a esta «raza supe-rior» kholla, pero nos engañamos si creemos que se refiere a lo que nosotros actualmente denominamos qolla o qulla , es decir a los actuales aymaras o qichwas. Los kholla de Posnansky serían una raza necesariamente reducida en cantidad, una casta de señores que gobernaron a los demás indios inferiores y que, «lamentablemente», a pesar de sus precauciones se mestizaron con las razas inferiores. De ahí que, «por las leyes de Mendel», hubieron entre los indios de entonces algunos prototipos que hicieron saltar de alegría al racista Posnansky: «Cualquiera que conozca las leyes de la herencia de Joseph Mendel (Mendeischen Gesetze), sabrá perfectamente que después de producirse la mestización, se presentan más tarde nuevamente ‘arquetipos' que ostentan la tipología de sus antepasados remotos. La mestización verdadera entre Khollas y Aruwakes, se llevó a cabo ya, mucho antes de la Conquista ». El drama de los kholla sería el mestizaje. «La decadencia del Imperio Kholla, cuyo remate constituía lo que llamamos ahora el ‘Inkario', principió al borrarse el ‘tabú' con la mestización de la evolucionada raza Kholla con la inferior desnervada y decadente del Aruwak».
¿Qué conclusiones sacar de estos despropósitos? La situación colonial que vivimos hace que honremos como héroes y liberadores a nuestros masacradores y opresores3 y posibilita que veneremos como ilustres sabios a quienes simplemente desfogaron sus instintos racistas en nuestro continente, cuando no pudieron hacerlo plenamente en el suyo.
El conocer las posiciones racistas de Posnansky nos previene también de las inspiraciones que tienen algunas teorías y tendencias de pseudo valoración de lo indígena. Estas escuelas, frecuentemente arropadas con palabrería cientista, tienen un transfondo fantástico de «realismo mágico». Hablan bastante de temas como la «cosmovisión» andina; el supuesto significado misterioso de los colores de la wiphala; la imaginada relación de atlantes con tiwanakotas, etc. Detrás están las viejas tendencias de paganismo, ocultismo y racismo occidental.
Descolonización significa recuperar el control político de nuestra vida social y este cometido se distrae con esas elucubraciones. Aún peor, suelen ser un recurso para mantener la situación de postración colonial que vivimos. En efecto, esas tendencias tienden a relativizar al «indio real», al indígena sociológico e histórico, en provecho de un prototipo mítico con el que estos personajes se sienten cómodos como perfectos guías, mentores y dirigentes.
No olvidemos que para Posnansky el kholla al cual rendía halagos, era el kholla que más se asemejaba física y conceptualmente al modelo europeo. De esta manera no valoraba ni reivindicaba al kholla real, sino a lo que consideraba reflejo del mismo occidente. Cuando Posnansky atribuía méritos a esa «raza», se alababa él mismo; era una manera de legitimar su rol de dominio en territorio ajeno; era una forma de camuflar su posición de intruso en tierra ajena. Los demás, los verdaderos indios, eran la masa que debía servirle. De la pluma de este pseudo científico sale esta tremenda confesión: «La masa común de los que hoy llamamos ‘indios', son precisamente de ese tipo (aruwak, n.d.a.). Constituyen un pueblo mentalmente retardado, que en lo somático se asemeja a los pueblos mongoloides del Norte de Asia; dóciles para ser conducidos, constituyen un verdadero pueblo ‘de manada', que indudablemente era la masa sirviente de los Khollas, tal cual hoy es la masa indígena servidora de iberoamericanos».
1 Arthur Posnansky, Qué es raza , Institu-to «Tihuanacu» de Antropología, Etnografía y Prehistoria, Editorial Trabajo, La Paz , 1943. Todas las citas, salvo indicación contraria, son extractadas de dicha obra. Curiosamente este opúsculo es uno de los pocos textos digitalizados por la UMSA y presentado así como exponente de la creación científica boliviana. Puede ser consultado en: http://166.114.17.245/umsace/libros/
2 América Indígena , volumen III, Nº 1, México 1943
3 Ver artículo sobre Pedro Domingo Murillo en Pukara Nº 9.
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