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Editorial del Nº 13, del 7 de noviembre al 7 de diciembre de 2006

Editorial:

Nacionalización y manipulación semántica

Si la nacionalización de hidrocarburos
de Evo Morales provoca alivio entre
los «afectados», es que justamente
no se trata de ninguna
Nacionalización

Cuando el 26 de julio de 1956 el presidente Nasser de Egipto nacionalizó del Canal de Suez, ello provocó la intervención armada de Gran Bretaña y Francia, quienes veían así afectados sus intereses económicos con esa medida política.

Este fin de mes de octubre, cuando el Presidente de Bolivia Evo Morales anunció la «nacionalización» de los hidrocarburos, países que tienen intereses con las empresas que trabajan en Bolivia en ese rubro, como España y Brasil, felicitaron públicamente la «moderación» del gobierno boliviano.

¿Será que los tiempos han cambiado y que los Estados grandes que antes avasallaban a los países pequeños, felicitan ahora la expropiación y confiscación de sus bienes?

En realidad los tiempos cambian, pero no las actitudes ni los intereses. Y si la «nacionalización» de hidrocarburos de Evo Morales causa alivio y no preocupación entre los intereses extranjeros que obtienen ganancias de ese negocio, es porque precisamente no se trata de una nacionalización.

Quizás el conjunto de medidas recientemente decididas y los contratos flamantemente firmados -bajo título de «nacionalización», cuando son más bien adaptación de contratos dentro del esquema inamovible de intervención de empresas extranjeras en la explotación de hidrocarburos- sean convenientes y lo más realista que se podía hacer. Entonces, ¿por qué haber combatido y vilipendiado anteriores gobiernos cuya filosofía política era la misma?

El gobierno de Evo Morales corre el riesgo de simplemente ejecutar las tareas de modernización del sistema en la que estaban abocadas las anteriores administraciones, y en las que fracasaron por su agotamiento histórico.

Si éste es el caso, ¿por qué esa insistencia en hablar de «nacionalización» y utilizar frases rimbombantes como la «recuperación de la dignidad de los bolivianos», la «reapropiación de nuestras riquezas», etc.? Evidentemente estamos ante un caso de perversión semántica: utilizar un término no porque designa verazmente al objeto de referencia, sino por la carga emotiva y la utilidad de oportunidad que conlleva y que conveniente utilizar.

Esta manipulación semántica puede producir beneficios inmediatos. Pero a mediano y largo plazo puede ser también terriblemente peligrosa para quienes se sirven de ella. No olvidemos que Evo Morales y el MAS llegaron al poder en los hombros de expectativas populares, que parece serán «cumplidas» al estilo de la «nacionalización» que comentamos. Esto puede alienarle el apoyo popular sin adquirirle el de los que, desde el principio, estuvieron en su contra.

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