
Editorial del Nº 15, del 7 de enero al 7 de febrero de 2007
Que las transformaciones sociales empiecen, para que esos actos lleguen a ser sólo anécdotas de un pasado vergonzante.
«Por la sonrisa de un niño...», es el slogan que utiliza una de las empresas más grandes dedicadas a recolectar dinero para comprar juguetes y distribuirlos a los niños pobres en las fiestas de Navidad.
Los medios aplaudieron unánimes esta iniciativa, sin poner atención en los antecedentes tortuosos de estas campañas ni en los efectos perversos que puede desencadenar.
Y es que esta carrera a quien hace mejor y más grande caridad alcanza niveles escandalosos. Desde ya no se trata únicamente de Radio Fides y de su director, el jesuita Pérez Iribarne. Hay también otro serio competidor en la ciudad de El Alto, el también sacerdote católico Sebastián Obermaier y muchos otros émulos de menor cuantía.
En los años 70 y 80, la Compañía de Jesús empezó una contestación de usos y prácticas de lo que se consideró una iglesia conservadora y aliada de los intereses políticos reaccionarios. Esta crítica alcanzó a ciertas formas de caridad que en realidad, se decía, eran formas de aletargar la conciencia de los oprimidos y de tranquilizar la de los opresores, para impedir un cambio de estructuras sociales.
Ahora es la radio de esta misma congregación religiosa la que vuelve a dar brillo y nobleza a una práctica antes criticada y vilipendiada.
Los juguetes así adquiridos se reparten en monumentales actos de masas. Se emplean estadios y grandes centros deportivos para cuyo acceso desde el día anterior hacen cola miles de niños y niñas. Pasan la noche a la intemperie y si llueve (como sucedió en varias ocasiones) estos infantes deben soportar la inclemencia para poder disfrutar de algún juguete en sus manos.
La sonrisa que exhiben al recibir estos regalos encubre tanto la humillación a su dignidad como la vanagloria del ego de quienes se saben capaces de movilizar tantos recursos y tanto elemento humano.
El mandamiento «que tu mano derecha no sepa lo que da tu mano izquierda» se cumpliría si, aprovechando la gran infraestructura que tiene la iglesia católica, estos juguetes se repartiesen de manera discreta, calurosa y familiar en las miles de parroquias que disponen. No es así pues aparentemente se busca publicidad y poder.
Que las transformaciones sociales empiecen de una vez en este país, para que estos actos lleguen a ser sólo anécdotas de un pasado vergonzante y nada más que eso.
Volver al último número de Pukara
Ver los números pasados de Pukara