
Editorial del Nº 18, del 7 de abril al 7 de mayo de 2007
El anuncio de próximas elecciones parece confirmar la aprensión de que el Ejecutivo manipula la Asamblea Constituyente
El Gobierno ha anunciado formalmente la realización de elecciones generales el próximo año. El fundamento de este anuncio es que para agosto del presente año la Asamblea Constituyente deberá aprobar una nueva Constitución Política del Estado, cuyo diseño volverá obsoletos los actuales esquemas de administración, siendo natural la remoción de mandatarios mediante voto ciudadano.
La lógica de ese argumento se basa, sin embargo, en suposiciones y buenas intenciones que, de no ser efectivas, pueden colocar al país en mediano plazo en una grave situación de ingobernabilidad.
Fundamentalmente nada deja prever que la Asamblea Constituyente concluya sus trabajos para agosto del presente año; por el contrario los contratiempos y enfrentamientos internos que hicieron superficie este mes en la gira nacional informativa de los constituyentes -particularmente en la ciudad de Cochabamba- evidencian que no existen las bases mínimas de entendimiento que puedan posibilitar la aprobación de una nueva Constitución, en los escasos cinco meses de trabajo que le restan.
De toda evidencia, un anuncio de próximas elecciones debió haber sido consecuencia del trabajo de la Asamblea Constituyente. Es este órgano, con las atribuciones que le da su importante misión, quien en tiempo oportuno y adecuado debe definir el momento y las características de reorganización del Estado, convocando para ello a la población para que la refrende mediante la participación democrática eleccionaria.
En ese marco, ese anuncio prematuro es, por una parte, una afrenta a la dignidad de la Asamblea Constituyente, pues confirma la aprensión instalada en la opinión pública en sentido de que es el ejecutivo quien dirige y manipula las actividades de esta Asamblea, o por lo menos la de sus constituyentes. Por otro lado deja un sabor amargo en quienes tienen esperanzas que la Constituyente pueda jugar un verdadero rol descolonizador e innovador en el ordenamiento político e institucional en este país, pues todo conduce a pensar que tan altas tareas no son preocupación del gobierno y de sus adeptos, en quienes parece imperar más bien el banal y grosero deseo de la simple reelección politiquera.
Es pues, en definitiva, la naturaleza y los alcances de la Asamblea Constituyente y de sus actores que está en entredicho.
Corresponde fundamentalmente a ellos lanzar los mensajes necesarios para que el pueblo pueda, de una vez, entender los alcances de este momento histórico y asumir, en consecuencia, las decisiones que sean convenientes y necesarias.
Volver al último número de Pukara
Ver los números pasados de Pukara