
Editorial del Nº 27 del 7 de enero al 7 de febrero de 2008
¿Tendrá el actual gobierno el genio y el coraje de desandar camino y crear senderos de unidad y verdadera descolonización?
El gobierno ha anunciado la realización de un referéndum revocatorio, como medida última para definir la crisis política que se ha vuelto endémica en el país.
En este referéndum el pueblo sería consultado sobre la permanencia o no de los prefectos y del presidente de la república.
Es una verdadera «apuesta» política que, como en un juego de azar, al mismo tiempo entusiasma y atemoriza a los participantes. Y es que el precio de esta apuesta es nada menos que el poder.
Es por ello que esta propuesta, hasta el momento, no pasa de ser una simple proposición, un «globo de ensayo» para estudiar la reacción del adversario. Su tratamiento es dilatado en el Parlamento y el Ejecutivo sólo se refiere a ella en declaraciones destinadas a amedrentar verbalmente a la oposición.
En este ambiente de guerrilla se plantea, por ejemplo, la posible revocación de prefectos, pero no se discute la naturaleza del poder que deben ejercer. En este tema existe un vacío que también se evidencia en otros aspectos de la vida política y administrativa en Bolivia.
Es pues imprescindible tomar al «toro por las astas», es decir debatir el poder de los prefectos y, por ende, entrar de lleno al terreno de discusión que el gobierno pretende esquivar: la naturaleza de las autonomías. Y cuando nos referimos al tema de la naturaleza y competencias autonómicas, nos referimos a las departamentales y no a las otras — improvisadas y artificiosas — que la Asamblea Constituyente ha aprobado para tranquilidad de los «beneficiados» y para satisfacer la expectativa de sus admiradores extranjeros.
El país vive momentos de tensión por no haber agotado, ni siquiera empezado, este debate importante e imprescindible. Recordemos que la actual naturaleza y competencia de los prefectos es producto de una medida política desesperada e improvisada del ex presidente Carlos D. Mesa. En este, como en otros aspectos, esa ex autoridad ha dejado gérmenes de indefinición que en contextos conflictivos pueden convertirse en verdaderos factores de desequilibrio y convulsión social.
Este debate, si se da, para ser realmente eficaz deberá seguramente contradecir varios de los puntos plasmados en la Constitución Política del Estado aprobada recientemente por la Asamblea Constituyente, pues la montonera de conceptos no genera de por sí una caracterización nueva del nuevo país que todos necesitamos.
En esta redefinición habría que tomar a los pueblos originarios no como minorías ansiosas de una pseudo autodeterminación, sino como el pueblo mayoritario que puede ser el aglutinante de la diversidad nacional en la realización de un proyecto nacional único. ¿Tendrá el actual gobierno el genio y el coraje de desandar camino para crear verdaderos senderos de unidad y auténtica descolonización?
Volver al último número de Pukara
Ver los números pasados de Pukara