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Editorial del Nº 28 del 7 de febrero al 7 de marzo de 2008

Terminar con el discurso ambiguo

El desconcierto que trasluce el ejecutivo, parece ser reflejo del antagonismo entre sus principales asesores

Se cumplen dos años de gobierno del presidente Evo Morales, en un contexto marcado por la incertidumbre sobre el desenlace del diálogo entre gobierno y prefectos.

Este contexto incierto es buen símbolo de estos dos años de gobierno. Evo Morales empezó su gestión con la fuerza y el entusiasmo que le daba el haber ganado con 54 % de votos. Dos años después, muchos se preguntan a qué sirvió ese masivo apoyo, pues domina el vago sentimiento de frustración entre quienes pusieron su esperanza en este nuevo gobierno.

Del discurso altisonante se pasó a la insinuación conciliadora hacia el «enemigo». Cuando sabemos que la adhesión de los sectores hasta ahora fieles al régimen, está alimentada — entre otros recursos — con certezas producto de discursos ideologizados y agresivo, este cambio en la palabra oficial puede causar desconcierto y desmovilización.

Los operadores gubernamentales parecen estar concientes de ese riesgo, lo que explicaría los frecuentes y súbitos cambios de actitudes y de mensajes. Sin embargo, de esa manera sólo artificialmente se mantiene estabilidad política y confianza popular.

Creemos que es tiempo de un reordenamiento de ideas, tácticas y estrategias. Es momento de acabar con el discurso ambiguo. Están ya lejos las ilusiones que el gobierno incubaba de sí mismo. Dos años de gobierno son bastante para aproximarse a lo real y alejarse de la ilusión. Tarea dura que le compete al actual gobierno, para ello ha sido elegido.

Esta necesaria sistematización debe articular y volver coherente el discurso y la práctica, para manifestarse en programas políticos entendibles y aplicables. Para ello es importante la función presidencial, pues el desconcierto que ahora trasluce el ejecutivo parece ser reflejo de la diversidad — quizás antagónica o, por lo menos, inconexa — de los principales asesores y «mandamases» que rodean a Evo Morales. Sin embargo el pueblo ha elegido y confía en la capacidad de quien eligió como presidente; de igual manera los ataques de los opositores no mellarán a los principales colaboradores de Evo, sino a este mismo.

El reordenamiento deseado, en ideas y en ejecutores, debería contemplar primordialmente el ámbito que comprende a los pueblos indígenas, pues estos son la base aún esperanzada en Evo Morales y cuya causa es usada como bandera propagandística por los decididores no indígenas de este gobierno.

Descuidar los intereses indígenas o abusar de su confianza, puede llevar a que el sector social que es la cuña que evita al gobierno el descarrío por la pendiente, se convierta — quizás — en el elemento más activo para lograr el cambio tan necesario, pasando talvez incluso sobre el cadáver del MAS y de su gobierno.

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