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Editorial del Nº 29 del 7 de marzo al 7 de abril de 2008

Editorial

El incierto camino hacia el referéndum

No es que sea perjudicial la concertación, pero puede ser catastrófico querer hacerlo a destiempo

La reciente aprobación conflictiva por el Parlamento de los referéndums dirimidor y constituyente, lejos de despejar dudas y aclarar las intenciones políticas del gobierno, vuelve el panorama político aun más confuso.

A pocos días de esta aprobación, el vicepresidente de la república, Álvaro García Linera, ofreció — según informan los cotidianos nacionales — «revisar en el Congreso las leyes aprobadas el jueves previo acuerdo para compatibilizar los estatutos autonómicos con la Carta Magna aprobada el 9 de diciembre en Oruro, para que el Parlamento convoque después a los referéndums ratificatorios de esas normas departamentales».

No es que sea perjudicial el diálogo y la concertación, pero puede ser catastrófico querer hacerlo a destiempo. El gobierno y la oposición han fallado sucesivas citas con este objeto, echándose recíprocamente la culpa de estos fracasos. Sin embargo, es evidente que quien tiene el poder es quien domina el tema de la iniciativa y de las concesiones.

Es urgente revisar el proyecto de Constitución y el Ejecutivo debería hacerlo, sea por propia iniciativa o a través del diálogo con la oposición. Si existe deseo de concertación, este debe ser sincero, pues de lo contrario su resultado sería la polarización absoluta de la política boliviana, con consecuencias imprevisibles para los intereses de los pueblos indígenas y originarios.

En este aspecto hay muchas cosas por revisar. El gobierno ha incluido de manera precipitada o con intención mañosa elementos en el proyecto de Nueva Constitución, que hace aparecer como resultado de las demandas indígenas y favorables a sus intereses, cuando parecen ser todo lo contrario.

Un proyecto es nuevo cuando es original y esa originalidad no es necesariamente la adición arbitraria e irresponsable de conceptos e intenciones. Así, no se resuelve el problema nacional de descolonización incluyendo como símbolos de Estado a la wiphala y a la flor del patujú. Esos son remiendos casi folklóricos, no políticas responsables. El MAS ha fracasado en su defensa de la wiphala como símbolo aglutinador de la diversidad boliviana, reduciéndola al manoseo partidista cuando se trata de combatir a sus opositores.

El fracaso en la instauración de un símbolo que aglutine y represente a todos, no se resuelve juntando símbolos dispares y hasta antagónicos juntos (la whipala y la tricolor boliviana). Así no se crea unidad, sino que se pone la semilla de nuevos y terribles conflictos.

Sucede lo mismo respecto a las autonomías. Son autónomos los departamentos, las regiones, los municipios, algunos territorios indígenas, posiblemente algunas provincias con características de regiones. Si entendemos que el poder de cada autonomía no se supedita a ningún otro gobierno autónomo, tenemos al futuro los mejores contextos de disgregación y alboroto, y no las herramientas de construcción de una patria nueva.

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