
Editorial del Nº 31 del 7 de mayo al 7 de junio de 2008
No vislumbrar la realidad significa retroceder a situaciones que se debían superar
Si las declaraciones del presidente de Bolivia Evo Morales Ayma, la noche del 4 de mayo comentando los resultados del referéndum cruceño por su autonomía, van a orientar la política de su gobierno en este tema, el resultado puede ser desastroso para todos los intereses comprometidos en este asunto.
Evo Morales ha desperdiciado una oportunidad de modificar sus lineamientos generales al expresar posiciones altisonantes y triunfalistas, cuando en verdad acababa de sufrir un revés político. Su posición es que el referéndum de Santa Cruz fue un fracaso al haber existido (en la versión oficialista) un 39 % de abstención, el cual, sumando votos en contra y los nulos, daría un 50 % de rechazo a la propuesta autonómica de Santa Cruz. Por tanto, si condescendientemente convoca a los prefectos al diálogo, este sólo puede ser en base al proyecto de Constitución del MAS.
Este razonamiento es poco serio, pues los resultados siempre se contabilizan sobre los votos válidos, es decir los emitidos. Lo contrario es simplemente confundir las matemáticas electorales con la política politiquera. Siguiendo el razonamiento de nuestro presidente, muchas justas electorales estarían viciadas y sus resultados serían fraudulentos. Así, por ejemplo, en el Referéndum Nacional Vinculante sobre Autonomías de 2006 en Chuquisaca ganó el NO con un 62,232 %. El SI tuvo un 37.768 %. Sin embargo, si interpretáramos a los abstencionistas y votos blancos y nulos como apoyo a los perdedores, el SI resultaría triunfador con un 72.697 %!!!
Las declaraciones de Evo Morales parecen destinadas a confortar a sus seguidores, quienes invirtieron esfuerzos y esperanzas en la estrategia de la abstención, y a sus aliados internacionales y a la opinión pública mundial, ante quienes no quiere parecer como perdedor. Empero, Evo Morales, al no vislumbrar la realidad de lo sucedido, está retrocediendo a situaciones que debía superar, reviviendo los fantasmas de enfrentamientos, secesión y desmembramientos que debían haberse resuelto una vez clarificada la situación de la votación del 4 de mayo en Santa Cruz.
La solución pasa, creemos, por un diálogo que no haga retroceder los verdaderos intereses de los pueblos originarios y sectores sociales. Este tipo de diálogo sólo se puede entablar si el gobierno admite sus errores y los enmienda radicalmente. Esta actitud obliga, a muchos, descender del artificial Olimpo en el que su soberbia los encumbró. Pero es el mal menor para mantener la viabilidad nacional unitaria y preparar en ese marco la imprescindible descolonización que es todavía tarea pendiente.
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