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Artículo de portada del Nº 33, del 7 de julio al 7 de agosto de 2008

Reescribir nuestra historia:

Pedro Domingo Murillo y la rebelión katarista de 1781

Iván Apaza Calle

Tupak Katari
Suplicio de Tupak Katari. ¿Fue Pedro Domingo Murillo uno de los verdugos que conducía un caballo descuartizador? Foto: Mural de Walter Solón. www.cmaq.net

Pedro Domingo Murillo, nacido en 1756, dueño de las minas de Chikani, azoguero, abogado papelista y propietario de una pequeña biblioteca de 8.000 volúmenes fue, en resumidas cuentas, “…miembro de una familia criollo española. Gozó de una situación económica holgada, pues fue propietario hacendado…”1. En 1781, cuando Tupak Katari efectuó el cerco de la ciudad criolla española de La Paz, Murillo ya tenía 25 años y era uno de los muchos criollos que constantemente sirvieron a la corona de España. Sin embargo, después de haber estado bajo el mando de la “madre patria” conspira contra ella en 1809, con su proclama de la Junta Tuitiva.

Esta proclama, a pesar de haber estado “…encerrada en una bóveda bancaria y petrificada en medio de la plaza principal de la ciudad sede de gobierno, es un mito porque nunca hubo una proclama escrita, firmada y difundida por la Junta Tuitiva…; solamente sabremos  algo más sobre ella: que nunca existió”.2 Bonita farsa sobre la que se asienta la fama de Murillo. Empero, aún cuando esa proclama existiera, en la historia del colono era para los criollos, ya que era “un documento para hombres libres”3 y no para el indio, que estaba y está oprimido, sometido por la casta dominante antes y ahora.

LAS DOS DECLARACIONES DE MURILLO

Nos basaremos en los escritos recopilados en cuatro volúmenes por Carlos Ponce Sanjinés y Raúl Alfonso García, bajo el título Documentos para la Historia de la Revolución de 1809. En su volumen II (páginas 388 a 403) aparecen dos declaraciones de Pedro Domingo Murillo, así como siete testificaciones de sus cómplices. Este material será importante para nuestro trabajo, pues clarifica las actividades de carácter militar de Murillo durante la Rebelión Tupakatarista de 1781.
Las dos declaraciones de Murillo son muy similares. La primera se da antes que declararan sus certificantes y la segunda después que se expresaron estos. Para bien entenderlas, las relataremos según su orden.

Pedro Domingo Murillo, bajo juramento de HISPANIARUM REX CAROLUX IV D.G., expresa: “de ser constante los servicios que tengo hechos en defensa de la Corona y la patria desempeñando los cargos de Oficial en que se me empleó (…) en la rebelión pasada hallándome en Yungas casado y con hijos serví con actividad y vigilancia a mi Rey y Sor. en calidad de Teniente Capitán de la primera compañía de fusileros (…) mi capitán que fue Dn. José Ramón de Loayza”4 Como se puede constatar, Murillo fue Teniente Capitán de fusileros y con ese cargo reprimió a nuestros valerosos abuelos Tupakatarista. Sería absurdo pensar y una falacia afirmar que Murillo no disparó ni un tiro contra los indios que se encontraban en los Yungas, pues él mismo indica que cuando conducía a Cochabamba a familias españolas que se morían de hambre por el cerco de Tupak Katari a La Paz, “cuando se retiró para el Valle de Cochabamba todo el Gentío de Yungas fui colocado con mi gente abatir los enemigos y abrir el paso con todo esmero prop.o (propio) aun oficial, y en los ataques que se ofrecieron con los enemigos acredité los deberes de mi cargo…”5.

Luego de la retirada por el territorio que controlaban los tupakataristas, caminando veinte leguas, Murillo llega finalmente al valle cochabambino, donde “en dicho Valle no me dediqué al ocio como muchos lo hicieron sino que continué con mi servicio y en la seg.da (segunda) expedición que se hizo a discitiar (desitiar) esta ciudad p.r (por) el Sor (señor) Comandante d.n (don) José de Reseguín … vine de Ayudante mayor (mayor)… a librar esta Ciudad del sitio en que se hallaba esmerándome con la actividad acostumbrada siguiendo con el empleo hasta que no … el retiro…”6. Como el ejército de Reseguín no llegaba, los Tupakataristas estaban a un escaso paso de la victoria, pues dentro de la ciudad sitiada los españoles se morían de hambre. Por esta razón Sebastián Segurola escribe en su diario: “hubo concejo de guerra y que se decidió que si los auxilios no llegaban el jueves o viernes, se haría una salida general, abandonándose la ciudad a causa de hambre, lo que produjo gran consternación, lágrimas y rogativas”.7

Sin embargo, el 17 de octubre de 1781, Reseguín con 10.000 hombres acampa en El Alto donde rompe el cerco tupakatarista. En estos hechos contribuyó Pedro Domingo Murillo, el “protomártir” de la Bolivia colonial. Tras romper el cerco, el ejército auxiliar parte en captura de los principales mallkus tupakataristas, para luego torturarlos y ajusticiarlos. En esta sucia labor Murillo tuvo participación plena y directa, pues él confiesa: “vine desempeñando a satisfac.on (satisfacción) de ser uno de los comisionados para el Prendimiento de los Quispes y demás Coroneles, estar al reparo de las guardias en la prisión de Catari, y otras que se fiaron a mi ciudad conociendo mi amor al servicio, y al esmero y anhelo con que propendí a llenar mis obligaciones”.8 Pedro Domingo Murillo, el héroe de los criollos, fue sin duda feroz anti indio que estuvo al servicio de la Corona española para mantener la situación colonial. Sus acciones lo demuestran, Murillo no quería nuestra liberación, por ello ayudó a las huestes españolas a aplastar la emancipación india, siendo uno de los más preclaros enemigos de nuestros abuelos y abuelas de línea Tupakatarista.

Diego Quispe, Pascal Quispe, Andrés Quispe y otros Coroneles Tupakataristas “han caído a manos de Murillo y éste ha tenido la satisfacción de ahorcarlos y descuartizarlos por su ideología y por buscar la reivindicación y liberación comunitaria aymara”.9 Murillo confiesa, por otro lado, haber sido carcelero de nuestro Mallku Tupak Katari. En esa condición Tupak Katari es torturado inicuamente por sus carceleros. Estos elementos conducen seguramente al historiados Inka Waskar Chukiwanka a afirmar que Murillo “fue uno de los autores del descuartizamiento de Tupaj Katari, montado a uno de los caballos”.10 Esta afirmación es plausible, aunque por el momento se carezca de sustento documental para corroborarla.

Murillo, después del descuartizamiento de Tupak Katari, no tardó en juntarse con Sebastián Segurola para continuar la guerra contra los tupakataristas que seguían luchando. Murillo confiesa: “no perdí la oportunidad de seguir al soberano pues encontrando la disposición de Sor Comand.te (Comandante) d.n Sebastián Segurola que pasava (pasaba) Personalmente con Tropas a la Doct.na (Doctrina, región) Palca a castigar (a) los rebeldes, seguí voluntariamente juntando doscientos hombres… que servían bajo mi mando”11. Esta confesión indica que Murillo estuvo también bajo el mando de Segurola y que, como él, vomitaba odio contra el colonizado. Segurola fue quien, como escarmiento a los indios que participaron del cerco a La Paz, dio muerte a 60 indios en el lugar de San Pedro.

LOS CÓMPLICES QUE CERTIFICAN A MURILLO

José Ramón de Loayza, Franco Antonio Guerrero y Oliden, Fernando de Yrrazabal, Faustino Gomes, Juan Basilio Catacora Heredia, Patricio Bohorques y Protacio de Armentia, fueron los cómplices de Murillo que certificaron sus declaraciones.

Las testificaciones de J. R. Loayza sobre las acciones de Murillo en Yungas son claras: “fue colocado de Teniente de Capitán en la Primera Compañía de fusileros de la que yo fui Capitán”. 12  Cuando las familias españolas escapaban del cerco rumbo a Cochabamba, Franco Antonio Guerrero y Oliden indica que Murillo: “siempre se mantuvo constante en el servicio con su gente sin que se le notase el más leve descuido u omisión”. 13 Fernando de Yrrazabal, ayudante mayor del Regimiento Pacajes, jurando por Dios y con señal de la Cruz, confiesa que Murillo: “bino (vino) destinado de ayudante maior (mayor)… cuio (cuyo) empleo exercio (ejerció) a la satisfacción del Jefe, con toda actividad, vigilancia y esmero”14 en la expedición del Coronel de Dragones José de Reseguín y su ejército durante el cerco de la ciudad de La Paz.

Faustino Gomes, vecino de la ciudad y Juan Basilio Catacora Heredia, abogado en la Real Audiencia de la Plata, prometidos decir la verdad sobre las actividades de Murillo afirmaron que él “acrisoló su conducta fidelidad y amor al servicio del Soberano dho (dicho) D.n Pedro Murillo haciéndose acreedor a que el Señor Comandante lo tratase con toda distinción confiándole las comisiones más graves, como fue las del prendimiento en Campo de las Peñas de los Yndios Caudillos Coroneles… con el onor (honor) digno de su empleo continuando hasta que se ordenó el retiro en campo de las Peñas después de haberse decapitado al Caudillo Julian Tupacatari”.15 Por último, Protacio de Armentia indica: “Don Sebastián Segurola le encargó la retaguardia.. por ser la parte más peligrosa en la invasión que hacían los rebeldes al exercito (ejército)”.16

Las confesiones de Pedro Domingo Murillo y la de sus cómplices que lo acreditan, dan la imagen de un criollo que siempre luchó por su raza en contra del indio, esmerándose en todas las actividades que le encomendaron. Desvelan, además, episodios que la historia oficial quiere ocultar, al presentar una imagen liberadora y heroica de Murillo. Esos afanes de la falsa historia nos obliga a reescribir nuestra propia historia: “si la historia oficial — como señala Bonfil Batalla — la del amo, ha sido útil para justificar la dominación, la otra historia (la del indio) deberá serlo para alcanzar la liberación”17, pues a los intentos del blanco mestizo para tergiversar la verdad, esta saldrá victoriosa por nuestro esfuerzo.

INDIANIZAR, REINDIANIZAR NUESTRO CEREBRO

Indianizar al blanco es reindianizarnos nosotros, es liberar del colonialismo las tradiciones de nuestro diario vivir, liberarlas de colonialismo asesino que trajo España a las tierras del Tawantinsuyu. Franz Fanon, negro nacido en Fort-de-France, psiquiatra que adhirió a la causa de la independencia de Argelia, indica: “La aparición del colono ha significado sincréticamente la muerte de la sociedad autóctona, letargo cultural, petrificación de los individuos. Para el colonizado (el indio), la vida no puede surgir sino del cadáver en descomposición del colono”.18 Esa es la obligación de cualquier nación colonizada. La emancipación india nos hará independientes, nos descolonizará, para retomar lo construido por nuestros abuelos: el TAWANTINSUYU.

El poder colonial domina al indio, viola sus símbolos, impone personalidades. Ejemplo es el 16 de julio, fecha que los colonialistas celebran en La Paz  como aniversario del “grito libertario”, en la que enaltecen la figura de Pedro Domingo Murillo. Esa festividad es un camuflaje del desorden colonial y para nosotros debe ser ocasión para desenmascarar los artificios de la casta colonial para tratar de impedir nuestra liberación nacional.

A quienes tenemos que rememorar nosotros son a Tupak Katari, a Bartolina Sisa, pues ellos son auténticos mártires indios de nuestra sangre. Ellos nos dieron línea de combate justa y limpia, que todos los indios debemos seguir, pues al tomar ese sendero adquirimos conciencia, una “conciencia histórica nos descomplejará primero, luego nos dará un espíritu de independencia y, finalmente nos condicionará la ideología a seguir”.19 La causa de Tupak Katari es nuestra causa; la obra que dejó pendiente es la tarea que nosotros debemos culminar. Es nuestra tarea, la tarea del Nuevo Indio, retomar la lucha de liberación, darle continuidad, pues esta lucha todavía no ha concluido.

NOTAS

  1. PORTUGAL MOLLINEDO, Pedro. Murillo y la represión a Katari, en Periódico Pukara número 9, La Paz.
  2. MENDOZA PIZARRO, Javier. La Mesa Coja, Bolivia, PIEB, 1977. pp. 224, 245.
  3. SALAZAR MOSTAJO, Carlos. La tea inmortal, La Paz – Bolivia, Urquizo, 2003, p. 136.
  4. PONCE SANJINÉS, Carlos; GARCÍA A., Raúl (compiladores) Documentos para la historia de la revolución de 1809, Vol II, Bolivia 1954, pp. 388, 400.
  5. Ibid., p. 400.
  6. Ibid., pp. 389, 400.
  7. DEL VALLE SILES, María Eugenia. Testimonios del cerco de La Paz, El campo contra la ciudad. Bolivia, Khana Cruz, 1980, p. 169.
  8. PONCE SANJINÉS, Carlos; GARCÍA A., Raúl (compiladores) Op. cit. pp. 4004, 401.
  9. QUISPE HUANCA, Felipe. Tupak Katari vive y vuelve… carajo. Qullasuyu. Ofensiva Roja, 1990. p. 277.
  10. CHUKIWANKA, Inka Waskar. Pedro Domingo Murillo: asesino de Tupaj Katari en “La voz del Cóndor”. p. 10.
  11. PONCE SANJINÉS, Carlos; GARCÍA A., Raúl (compiladores) Op. cit. pp. 4004, 401.
  12. Ibid., p. 390.
  13. Ibid., p. 392.
  14. Ibid., p. 394.
  15. Ibid., p. 395, 396, 397.
  16. Ibid., p. 399.
  17. BONFIL BATALLA, Guillermo. Utopía y revolución: el pensamiento contemporáneo de los indios en América Latina. México, Nueva Imagen, 1981, p. 38.
  18. FANON, Franz. Los condenados de la Tierra. México. Fondo Cultura Económica, 1983. p. 43.
  19. CARNERO HOKE, Guillermo. Nueva teoría para la insurgencia. Perú, Amerindia. p. 103.

 

Entre 1920 y 1940 nace un movimiento que cuestiona el sistema educativo nacional, con la consigna de consolidar un nuevo modelo de escuela basado en el modelo nuclear de Warisata. Después de crear los núcleos rurales en el altiplano y valles la expansión hacia la amazonía era una necesidad que se concretó en la fundación de los núcleos Moré, Chapare y Casarave. En el caso de los Moré del departamento del Beni (Bolivia)la introducción de la escuela fue acompañada de un proceso de pacificación y civilización de los indígenas; el carácter bélico y guerrero de los Moré y la resistencia de los grupos o clanes familiares dificultó el proceso de asimilación que finalmente concluyó con la consolidación de un centro poblado que se fue formando alrededor de la escuela indigenal.

Estos hechos históricos nos permiten analizar la manera cómo el Estado boliviano ha usado a la educación como instrumento para integrar a los indígenas Moré a la vida productiva, con base al modelo nuclear de Warisata. A pesar de los principios y valores planteados por Leigue,la presencia violenta del Estado hizo que las prácticas culturales tradicionales desaparezcan en un corto tiempo convirtiéndose la escuela es una institución etnocida.

LOS MORE CHAPACURA

Moré Chapacura
Niños Moré Chapacura. En la actualidad una adecuada educación sigue siendo una carencia para todas las poblaciones originarias. Fuente: http://200.87.127.215/culturas/pueblos_indigenas/more/more.htm

Los Moré son un grupo étnico que habitan los márgenes del río Iténez o Guaporé en la provincia Mamoré del departamento del Beni (Bolivia), se ubican en un centro poblado denominado Monte Azul, ubicado a tres horas de Puerto Moré, a más de 600 kilómetros de la ciudad de Guayaramerín, región a la que se accede fundamental-mente por vía fluvial. Lingüísticamente pertenecen a la familia Moré Chapacura, extendida en la amazonía brasilera. Monte Azul es un lugar especial por su abundancia de agua y especies, significa en Moré cumico ú tatáo o aguada de los siervos, fue uno de los lugares de asentamiento tradicional de un clan  familiar antes de la conquista y amansamiento de Leigue. El territorio Moré abarcaba desde la Boca del Azul, dominando las dos márgenes del Iténez, entre Príncipe de Beira y Costa Márquez. Los asentamientos indígenas estaban dispersos en todo este territorio, viviendo en pequeños grupos que agrupaban a unas ocho o diez familias que cohabitaban una vivienda colectiva o maloca.

Cuando los Moré vivían en total libertad y sin contacto con los blancos, imperaba en la región un ambiente hostil y de guerra permanente entre los diferentes clanes familiares o grupos Moré, las relaciones no eran amistosas, casi siempre las peleas entre grupos eran por una mujer, encuentros casuales en el monte o por ataques vandálicos.

PACIFICACIÓN DE LOS INDÍGENAS MORÉ

A principios de siglo XX cuando este grupo no tenía contacto con la población blanca, se dieron varios encuentros que concluyeron en matanzas, en ese tiempo los Moréeran un grupo que dominaba un sector entre Puerto More y la Boca del Iténez, por lo que no dejaban que otros grupos ingresen a su territorio a cazar o pescar. En ese tiempo muchos karais (blancos) que transitaban por la región entraron en contacto con los Moré, lo que trajo serias consecuencias por los ataques y saqueos. El cambio hacia una vida pacífica estuvo motivada por los constantes regalos que daban los blancos para lograr cierta simpatía o amistad con los Moré. Entre los primeros blancos está Comarek, extranjero de nacionalidad alemana, quien fue uno de los primeros en entrar en contacto con este grupo étnico.

La presencia de gente blanca ocasionó que los Moré, tengan que reaccionar violentamente contra los extraños que invadían sus tierras y empezaban a explotar irracionalmente sus recursos. Desde principios del siglo XX, los Moré desarrollan ataques consecutivos a poblados y embarcaciones que arribaban a orillas del Iténez o ru huít. Quedan muchos testimonios que recuerdan los lugares peligrosos y el número de víctimas ocasionados por los constantes ataques de los Moré, se recuerda el asalto realizado en «Sorpresa» el año 1910, la captura de la lancha Venus en la «Bahía de las onzas» el año 1929, donde se perdió casi la totalidad de sus tripulantes. Según los datos de Leigue Castedo las víctimas ocasionadas por los ataques sobrepasan los quinientos individuos, entre los que se encontraba Rodolfo Suárez, quien fue flechado en Vigo recibiendo una herida mortal en el pecho y fue uno de los pioneros que logró tomar contacto con los indígenas Moré en Barraca Alejandría.

La pacificación de los indígenas Moré fue iniciada por la familia Suárez el año 1917. Los constantes encuentros y el interés de los indígenas por conseguir algunos productos occidentales como el fuego o el azúcar o la necesidad de contar con mano de obra para el trabajo en la estancia, hizo que se de un acercamiento de ambos bandos. Desde niños los hermanos Suárez conocieron el idioma y las costumbres de los Moré que posteriormente concluyó con el inicio de una amistad pacífica. Según Gustavo Suárez el diez de octubre de 1932 cuatro indígenas Moré salieron por primera vez a Alejandría, «después al tercer día salieron 22 pidiendo amistad», los indígenas se quedaron a convivir con los blancos durante un año para posteriormente retornar a la selva, debido a que el contacto con el blanco ocasionó la propagación de enfermedades mortales entre los indígenas. Este primer contacto se constituyó en el inicio de una labor «civilizatoria» que posteriormente fue continuada por el profesor Leigue Castedo.

Una vez que se sacó del monte a un número considerable de indígenas, empezó la labor de educación y la intensificación de las actividades productivas. Se prohibió la práctica del infanticidio y el ritual del endocanibalismo. En un principio el trato fue duro, ya que los indígenas lo único que anhelaban era huir hacia el monte, lo que obligó a usar la violencia. Según R. Martínez un testigo importante de la misión «civilizadora», en el proceso se uso el látigo «por que no se podía de otra manera». Al respecto, G. Suárez  dice que «había que manejarlos con rigor y con fuerza», ya que era la única forma en que se eduquen, el uso del látigo y la violencia eran recursos que los karais usaron contra los indígenas para que «tengan miedo y no sigan huyendo».

La aproximación a las malocas era realizada silenciosamente para luego atacar rápidamente cubriendo las dos entradas, evitando que los indígenas puedan tomar sus flechas y atacar. Según G. Suárez el trabajo no era muy fácil ya que no sólo consistía en sacar-los de las malocas para transportarlos hasta Puerto Moré, sino también, hacer que permanezcan en el poblado. «Nosotros les sacábamos del monte y teníamos que cuidarlos, estaban tres, cuatro días y de noche se huían, había que agarrarlos, era difícil ellos no dejaban huella, se perdían».

Al igual que E. Pérez, Leigue Castedo utilizó regalos para atraer a los indígenas y luego obligarlos a vivir e integrarse a una vida productiva a través de la escuela.  Además, como testifica Gustavo Suárez, también se procedió a asaltar las malocas y obligar a los jóvenes y niños a replegarse a los centros poblados. El primer contacto se realizó con el grupo más inmediato a Puerto Moré y gracias a la colaboración de Gustavo y Sócrates Suárez que «como vecinos inmediatos de la zona indígena (Barraca Alejandría) sabían mucho del idioma, vida y costumbres». Los métodos usados para sacar a los indígenas de sus viviendas colectivas eran coercitivos y en casi siempre sin el consentimiento de los indígenas.

Cuando Leigue Castedo ingresó a Monte Azul, la pacificación de los indios fue realizada por Sócrates y Gustavo Suárez, quienes estaban encarga-dos de asaltar las malocas y llevar a los indígenas a los centros poblados donde recibirían educación, salud y alimentos. «Ya comenzamos a sacar del monte a los indios entre yo y mi hermano, yo iba de un lado por la pampa y mi hermano iba por el río Iténez» (Entrevista con Gustavo Suárez).

Una vez instalado en Moré, el director y los profesores organizaron la escuela construyendo aulas, viviendas para los indígenas y talleres para que los Moréaprendan oficios que les sean útiles en su nueva vida civilizada. El proceso de amansamiento empezó a dar resultados después del trabajo arduo de sacar, convencer y obligar a los jóvenes y viejosa una nueva forma de vida. En este proceso Leigue organizó a la gente para que participe de manera ordenada en actividades agrícolas. La producción de frutas, goma y castaña se había convertido en las actividades centrales de la comunidad. El director sacaba la mercancía hasta Guayaramerín para luego comercializarla en Brasil y generar buenos ingresos.

Según Gustavo Suárez los Moré y los blancos entraron en un acuerdo de paz, que fue cerrado con la entrega simbólica de una corona a Rodolfo Suárez y el rompimiento de una flecha de parte de los Moré. «Los constantes ataques a Alejandría y los destrozos ocasionados por los indígenas, llevó a que los civilizados tengan que reaccionar, preparando una comisión armada que haga que los indígenas huyan más lejos; sin embargo, la matanza no fue realizada, debido a que tres días antes de que lleguen las municiones los indígenas se amansaron, ‘salieron cuatro haciendo señas, como diciendo no tenemos nada, el grupo estaba compuesto por tres indígenas y el Capitán, que llevaba una flecha y una corona, que posteriormente la destrozo y regalo a Rodolfo Suárez’, era el año 1932 y los indígenas y los civilizados habían llega-do a un acuerdo de paz» (Suárez G.).

EXPANSIÓN DE LA ESCUELA INDIGENAL HACIA LA AMAZONIA (1937-1945)

Después de haber fundado y organizado Núcleos en los valles interandinos y el altiplano boliviano, la experiencia de Warisata se expandió hacia el oriente y amazonía con la idea de reducir a los indios y fundar  Núcleos indigenales. Carlos Loayza Beltrán entra a Casarave con el objetivo de reducir a los Sirionos, Arturo Sánchez al Chapare para reducir a los Yuracares, Gonzalo Suárez Dorado al Maniquí para reducir a los Chimanes y Luís Leigue C., a la Boca del Iténez para reducir a los temibles Moré.

Pérez, en calidad de Director de Educación Indigenal, inicia el 21 de agosto de 1937 su viaje rumbo al oriente con el afán de crear núcleos e incorporar a poblaciones de bárbaros y neófitos a la nacionalidad boliviana. El viaje al Iténez se convierte en una empresa muy difícil, debido a la distancia e inconvenientes que generaban el clima y las condiciones hostiles de la amazonía. La región ya había sido conquistada por algunas familias de benianos y extranjeros que, atraídos por la riqueza natural, tuvieron que enfrentarse a los Moré iniciándose las primeras acciones civilizatorias en la región.

A pesar de las adversidades del tiempo y de la naturaleza y su estado de salud delicado, Pérez continuó su travesía hasta llegar al río Mamoré,para adentrarse luego al río Iténez y continuar hasta desembarcar en Alejandría y luego Puerto Komarek. Después de llegar a la orilla de Puerto Moré, Pérez junto a su comitiva entraron en contacto con 10 indígenas Moré que los recibieron con hospitalidad. Después de realizar un recorrido de la zona y de verificar sus potencialidades, E. Pérez funda el núcleo Moré, por lo que se procede a redactar el acta de fundación «definiendo el tipo de escuela, que debía ser una granja estatal para la recuperación de los pobladores, creando la economía familiar y regional y buscando la formación de un tipo humano responsable capaz de sumarse a la nacionalidad» (E. Pérez, 1992: 203).  «Fue cuando hicimos la fundación de Moré, nosotros llegamos a Moré a ver un terreno donde meterse, sólo había una estancia de un señor Ocampo, entonces nosotros viajamos a treinta minutos abajo y comenzamos a tumbar el monte para hacer el núcleo, esto fue el resto del 38, no había indios, ahí era puro civilizados que se trajo él de Trinidad, de ahí comencé yo a sacar indios, pero así con esa lucha que se nos huían, a volverlos a buscar, pero fuimos haciendo, hicimos Moréy luego pasamos a Monte Azul» (Gustavo Suárez).

Concluida su misión de fundar un núcleo indígena, Pérez inició el retorno, no sin antes buscar la persona idónea que se haga cargo de continuar la empresa educativa de los Moré. En la búsqueda de un futuro director, conoce en Trinidad a Luís D. Leigue, quien es nombrado Director del Núcleo Moré en reconocimiento a sus méritos.

NUCLEO Y DESARROLLO DE LA POLITICA EDUCATIVA «CIVILIZATORIA»

En 1938 el profesor Leigue Castedo y una comisión militar llega a territorio Morécon el objetivo de redimir a los indios, bajo los principios de la escuela ayllu de Warisata. Con esto se inicia una labor civilizatoria que cambiaría en menos de dos décadas las manifestaciones culturales de los Moré.

Una vez desembarcado en PuertoMoré, la comitiva inicia la dura tarea de levantar la escuela y de juntar a losMoré para que puedan ser educados. Conciente de su misión y de los principios que habían de implementarse en Moré, Leigue empieza a sacarlos de su hábitat natural para obligarlos a aceptar una nueva forma de vida.

Desde un principio Leigue estuvo conciente de que la misión sería dura en los primeros años, la belicosidad de los Moré y la resistencia de los mismos no permitirá que la escuela se consolide en los primeros meses. Pasaron años hasta que finalmente algunos Moréaceptaron dejar de practicar sus costumbres para entrar a un nuevo ritmo de vida. «Cuando entramos habían unos 83 todos, no había más, ahorita habrán unos 200 ya son familias civilizadas casi, los varones se han juntado con las hijas de los barbaritos y ya pues son civilizados, ya ha habido un mestizaje tremendo, eran poquitos, ahora tiene una comunidad cerca de 200, por que no solamente es Monte Azul, ahí es la central de ellos, ahí él radicaba, ahí él vivía con ellos, él era su jefe sin que él mande no hacían nada, el los dirigía, él les hablaba en su dialecto, por decir él era su capitán de ellos, por que ellos le respetaban» (G. Suárez, 1992: 3).

El cambio introducido por Leigue fue controlado a través de la educación, la instauración de la escuela y la implementación de talleres y huertos, hizo que los Moré pasen de ser recolectores y cazadores a asalariados. Al pasar los años, el núcleo Moré ya estaba constituido, contando con una planta docente de educación básica. Posteriores problemas de inundación hicieron que el núcleo fuera trasladado a un lugar más elevado, que se llamó Monte Azul. La tarea emprendida por Leigue tuvo como objetivo principal la educación, sin embargo se amplió hacia otros rubros, como la agricultura y la religión.

Parte de las ganancias obtenidas eran invertidas en la compra de medicamentos, alimentos y ropa, creando dependencia y el surgimiento de un nuevo liderazgo o jefatura. Al igual que en Casarave en Moré las familias se asentaron alrededor de la escuela en sus malocas, donde todo era común.

Ciro Leigue es claro respecto a las relaciones laborales entre el «padre» de los Moré y los indígenas. De una relación en que en sus inicios a cambio de trabajo se garantizaba una dotación de víveres y acceso de los niños a la escuela, se pasó a una relación «solidaria», pasando luego a una relación laboral asalariada: «él hacía trabajar a toda la gente, pero también él la ponía desde el zapato hasta los vicios, él les hacía trabajar en la siringa, la castaña, en la agricultura, todo eso, pero ellos no compraban la ropa, el zapato, el cigarro el alcohol, él les daba raciones, él tenía bastante trabajadores como unas cuarenta personas, y unos cuarenta siringueros. Quincenal él sacaba como unos cinco mil kilos de goma, por la baja. Tenía contratos grandes con Brasil, peor por eso de todas maneras todo eso él juntaba los productos, pero también traía en cantidades medicinas, todo eso. No nos vendía, todo eso corría por cuenta de él, nos ha servido de algo, no podemos quejarnos, primer lugar la educación, la cultura, en aquel tiempo era esclavitud».

Después de muchos años de convivir y de implementar un modelo educativo, Leigue inició el deslinde de responsabilidades. En términos políticos, desde la visión de los Moré Leigue asumió la jefatura del conjunto de clanes familiares, logrando imponer un liderazgo que ha sido determinante en la definición del futuro del grupo. Sin embargo y a pesar de que generó un ambiente de convivencia agradable para los Moré (así lo recuerdan), la vida comunal se fue trasformando. Muchos de los Moré civilizados que en un principio aceptaron estar bajo el liderazgo de Leigue, conocieron el dinero y se independizaron, llegando a vender su fuerza de trabajo en ranchos ganaderos de la región. Este cambio del ethos ha generado sin duda una identificación cada vez mayor con la cultura foránea, «cuando él largó para trabajar por nuestra cuenta, entonces empezaron a tomar; traía él mismo, alcohol para tomar, el profesor Leigue, ya pero trabajábamos para nuestra cuenta, ya nosotros queríamos comprar, a comprar ya hay, él traía, ya nos daban así nomás, se acabó, las últimas veces nos vendía todo hasta los víveres, ya a nosotros nos largó a trabajar ya por nuestra cuenta» (A. Chichón).

La relación con los Moré concluyó en 1956, año en que debido a problemas de salud Luís Leigue y su familia abandonan Monte Azul, dejando que los indígenas manejen lo que quedaba del núcleo. Antes de abandonar Monte Azul, Leigue hace llamar a Gustavo Suárez, encargándolo que cuide de los indígenas. «Cuando el profesor Leigue se estaba yendo me mandó llamar para que yo me quede aquí, así que yo quedé de jefe de ellos, y seguí varios años, hasta que llegué a jubilarme, esto ha sido el año 1980» (Suárez G.).

Leigue Castedo volvió una vez para entregar la posta sanitaria. En el transcurso de ese tiempo, la presencia de los ganaderos se fue acentuando, hasta concluir con la pérdida de Puerto Moré y otros lugares que tradicionalmente estaban dentro del territorio Moré.

POLÍTICA EDUCATIVA CIVILIZATORIA E INTEGRACIÓN A LA REALIDAD NACIONAL

Desde inicios del siglo XX el Estado boliviano desarrolló una campaña para integrar a los grupos selvícolas del oriente y la amazonía a la realidad nacional. Esta política se concretó en normas legales que planteaban reducir a las poblaciones indígenas en asentamientos centralizados (pueblos y ciudades intermedias), la política planteaba tajantemente que el Estado se encargaría de la protección de los pueblos indígenas.

La posición civilizatoria es evidente en las normas legales y en la declaración de intelectuales e indigenistas de la época, que escribían a favor de los indígenas y que planteaban acabar de una vez con la economía semi colonial. Sin duda que el proceso de centralización, la ruptura del espacio colectivo y la imposición de prácticas educativas, valores y principios religiosos, logró un impacto fuerte en los patrones culturales básicos de los Moré. Una  justificación de Leigue es que los Moré se encontraban en un proceso de fragmentación étnica, «el estado de anarquía y escisión» era total, «por lo cual la familia Moré o Iténez no presentaban visible conjunto social».

A través de la instauración de la escuela y la implementación de talleres y huertos se hizo que los Moré pasen de ser una sociedad de autoconsumo a una sociedad productora y de consumo, lo que evolucionó hasta transformar a losMoré en asalariados libres o peones. Con la introducción de la escuela productiva Leigue logró mayor aceptación y conformidad del grupo involucrado, en comparación con otros grupos étnicos de la amazonía.

Las necesidades específicas de la nación requerían de una verdadera integración de las mayorías nacionales al sector productivo, hecho que fue reconocido por Pérez y asumido como una prioridad de la escuela ayllu de Warisata, con la salvedad de introducir en este proceso de transformación principios y valores propios de los indígenas y también principios ajenos, orientados a generar aspiraciones de éxito y esfuerzo. Por el riesgo que esto llevaría, Pérez reconoce que «el esfuerzo metódico y constante» podría arrastrar a «resultados imprevistos».

Desde la creación del núcleo indígena los Moré perdieron su libertad y algunos de sus patrones culturales. Si bien la implementación del modelo educativo productivo generó unión y cambios en sus actividades cotidianas, la inserción en el mercado laboral de los alumnos como mano de obra barata o gratuita benefició a los nuevos jefes y no así a la comunidad, generando dependencia y explotación.

Está claro que la escuela ayllu planteaba una política que tomaba como base la reivindicación social y cultural de los indígenas, pero también planteaba a la escuela como espacio para cambiar a los alumnos, cambio que en el caso del núcleo Moré fue controlado para el beneficio de unos cuantos, desvirtuando el rol de la escuela y utilizando a la institución para dominar y explotar a un pueblo entero.

A manera de síntesis podemos afirmar que la introducción del modelo nuclear de Warisata generó grandes cambios en la sociedad Moré; el pro-ceso de centralización, la ruptura del espacio colectivo, la imposición de prácticas educativas foráneas, de valores, principios religiosos y hábitos de vida occidental, lograron un fuerte impacto en los patrones culturales básicos de los Moré. Con  la creación del núcleo Moré y la puesta en marcha del modelo de núcleo productivo, se impuso una política educativa que tenía como meta integrar a los indígenas a la vida productiva de la región y transferir tecnología para intensificar las actividades productivas, con el fin de producir diversificación y aumento de la producción.

BIBLIOGRAFÍA

GUTIERREZ, Ramiro
1992b Prospección etnotecnológica de la etnia Moré. Informe de viaje realizado del 21 de noviembre al 6 de diciembre de 1992. Departamento de Investigación del Museo Nacional de Etnografía y Folklore, La Paz.
LEIGUE Castedo, Luís
1957 El Iténez Salvaje, Colección Etnografía y Folklore, Segunda edición, La Paz.
PEREZ, Elizardo
1992 Warisata. La escuela-Ayllu, La Paz: CERES-HISBOL.
1949 Discurso del excelentísimo Profesor Elizardo Pérez, Ministro de Educación Pública de Bolivia en el II CONGRESO INDIGENISTA INTERAMERICANO. Numero especial del Instituto Indigenista Interamericano dedicado al Segundo Congreso Indigenista Interamericano, Cuzco, Perú, 24 junio- 4 julio 1949, No. 3 Vol. IX, septiembre. México.

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