
Artículo de portada del Nº 34, del 7 de agosto al 7 de septiembre de 2008
“En el referéndum revocatorio (si se da, pues el gobierno puede a último momento bajarse nuevamente el pantalón y la oposición, a través de PODEMOS, llegar a un nuevo arreglo con el poder), que no nos mamen de nuevo. Relocalicemos a quienes siguen jugando con la esperanza popular y de una vez mandémoslos a sus casas, a que sigan jugando.”

Este no es un gobierno indígena. Indígena es el presidente, a quien el entorno q’ara lo utiliza como títere para ganar la confianza del pueblo. Quienes realmente gobiernan son las mismas familias que siempre tuvieron poder en Bolivia. Antes gobernaron, porque algunos de sus hijos eran de derecha; ahora siguen gobernando, porque otros de sus hijos son de izquierda. Peor todavía: en los ministerios y entidades gubernamentales siguen los burócratas de los partidos tradicionales, mientras quienes lucharon en octubre de 2003, por quienes esos burócratas ganan, siguen limosneando al gobierno reconocimiento por su lucha.
En el gobierno de Evo Morales han pateado collas en Santa Cruz; han quemado puestos de venta de nuestra gente en San Miguel de Velasco; han humillado a quechuas en Sucre, desnudándolos, haciéndoles besar la bandera de los cruzados españoles, golpeándolos. El mismo gobierno indica que hay todavía esclavos indígenas en el Chaco. Y, ¿qué hace el gobierno? Nada, no hace nada. ¿De que vale un «gobierno indígena» si siguen pegando a nuestro pueblo, si lo siguen esclavizando? Al presidente le falta coraje para enfrentar la descolonización, le falta valor para hacer reconocer su política. Por ello retrocede constantemente. Este mismo referéndum es más muestra de debilidad que de fortaleza.
Trasformar el país, modificar la sociedad injusta, realizar la descolonización requiere de fuerza. Este gobierno es débil y por ello recurre a la demagogia. Tiene discurso enérgico, pero sus acciones son deleznables. No hubo verdadera nacionalización de hidrocarburos, apenas una readecuación de contratos. La Asamblea Constituyente fue un fracaso porque el gobierno desde sus inicios transó con la derecha. Nos dice de que la economía está mejor que nunca, pero el pan ya está a 50 centavos: la inflación sube y nuestros salarios no aumentan. Ante el fracaso, el gobierno se esconde en el engaño: En Perú Evo Morales se hizo aplaudir indicando que «había que eliminar al capitalismo», mientras en Bolivia esos mismos días “doña Peque” en su propaganda en la televisión quería convencernos que su proyecto de constitución era bueno porque respetaba al mismo capitalismo.
En el entorno a Evo Morales hay quienes lo dan por muerto y preparan la sucesión. Quienes se preparan son tránsfugas que pasaron ya por otros partidos. Su mismo vicepresidente, que ya traicionó a Felipe Quispe, puede también fácilmente abandonar a Evo Morales. A estos elementos les interesa prolongar la vida de Evo hasta que se sientan fuertes y seguros. Votar por el sí a Evo Morales y Álvaro García Linera es dar vida y esperanzas a esos oportunistas.
QUE SE VAYAN LOS DEL GOBIERNO, PARA DAR OPORTUNIDAD DE GOBIERNO A NUEVOS ELEMENTOS. UNA NUEVA GENERACIÓN DEBE PRESENTARSE Y ÉSTA DEBE SER LA ENCARGADA DE CULMINAR LOS OBJETIVOS DE DESCOLONIZACIÓN Y JUSTICIA SOCIAL.
En este sistema colonial, el poder siempre ha estado en manos de una casta que se vanagloria descender de los «conquistadores». Ellos impusieron su poder mediante el racismo y la exclusión. Evo Morales ha dado nuevo aliento a esta casta. Apoyándose en los errores y debilidad de este gobierno, este grupo levanta cabeza. Apoyar a los prefectos es apoyar el empeoramiento del sistema colonial y dar poder regional a quienes buscan marginar los derechos de nuestros pueblos; es legitimar que los gobiernos departamentales estén en manos de los q’aras y de esa manera retardar la descolonización, es decir el poder para los colonizados.
La manera cómo los prefectos tienen poder es ilegal, pues las leyes no contemplan todavía la elección de prefectos. Fue la debilidad del ex presidente Carlos Mesa y la inconsistencia del actual presidente Evo Morales las que permiten esta situación. Los poderes y modalidad de elección de prefectos deberían haberse decidido en la Asamblea Constituyente, tomando en cuenta los derechos de los pueblos originarios. No fue así, y se decidió mas bien excluir a los originarios del poder real, dándoles un supuesto gobierno a través de la administración de Territorios Comunitarios de Origen, que son falsas autonomías indígenas.
Apoyar a los prefectos es apoyar que los gobiernos departamentales sigan en manos de los q’aras, mientras los indígenas deberíamos «gobernar» minúsculos Territorios Comunitarios de Origen, TCO. De esa manera se legitimiza la colonización, pues se supone que no podemos gobernar todo nuestro territorio, sólo pedazos que el colonizador decida. Por otro lado, el gobierno de Evo Morales ni siquiera reconoce TCO a los aymaras y quechuas, quienes somos la mayoría del país. Los prefectos no tienen pues legitimidad para gobernar nuestros territorios. El MAS ha sido cómplice en desmenuzar nuestra identidad nacional, en provecho de los oligarcas, siguiendo la práctica paternalista de tratarnos como minorías. Nuestro objetivo es la participación en el poder real y verdadero de toda Bolivia y de todos los departamentos, en este sentido no podemos hablar de TCO’s, sino del Qullasuyu Tawantinsuyu del Siglo XXI.
La política de los prefectos tal como está ahora planteada, conduce a la división nacional. Tenemos interés en mantener la unidad, pues nuestro pasado histórico fue unitario. El Tawantinsuyo fue un largo y exitoso proceso de unidad de varios pueblos en una sola representación estatal. En este periodo debemos retomar ese camino, con las condiciones y características contemporáneas. Votar por los prefectos es votar por el aniquilamiento de este proyecto unitario.
QUE SE VAYAN LOS PREFECTOS, PARA DAR OPORTUNIDAD DE GOBIERNO A NUEVOS ELEMENTOS. UNA NUEVA GENERACIÓN DEBE PRESENTARSE Y ÉSTA DEBE SER LA ENCARGADA DE CULMINAR LOS OBJETIVOS DE DESCOLONIZACIÓN Y JUSTICIA SOCIAL.
Por: Ayar Quispe (Ayar Quispe ha sido uno de los fundadores del Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK))

Al igual que hay enemigos del indio también hay enemigos del indianismo. Hoy y ayer o ayer y hoy, la fe en el indianismo ha sido (o es) objetada, infamada y estropeada por aquellos que tienen distinto signo ideológico. Estos son individuos acorralados entre sus dogmas y creencias; gentes llenas de prejuicios ancestrales; personas indiferentes e intolerantes con otras concepciones ideológicas. No quieren entender que el indio pueda tener su propia ideología y, peor, su propia organización política india. Sobre ello, se ha prestado poca atención y por eso nos toca discurrir sobre estos aspectos, pues no pueden quedarse en el olvido. Pero, más antes daremos nuestra propia visión sobre el término «indio» e «indígena».
Tanto el término «indio» e «indígena», en los últimos años es considerado prácticamente como si fueran algo idénticos y por eso, su utilización es indiscriminada o no tiene límites marcados. Por consiguiente, es necesario aclarar que en el pasado el uso de estos términos han tenido que sujetarse o vincularse a ciertas ideologías. En este sentido, Barre estaba en lo cierto al subrayar que «el empleo de uno u otro término responde generalmente a cierta ideología»1.
Entonces, el uso de cada término será la etiqueta funcional que pone matiz a corrientes de pensamientos e ideas. De ahí que los seguidores del indianismo preferirán para sus escritos y discursos políticos usar el término «indio». En cambio, los partidarios del indigenismo se inclinarán más por la palabra «indígena». ¿Por qué es preferido para unos el empleo del término «indio» y para otros el de «indígena»? La palabra «indio» fue utilizada por primera vez por Colón en su Diario el 17 de octubre de 1492, para referirse a los habitantes de las Antillas2. Con el transcurrir del tiempo esta calificación se ha vuelto peyorativo y va acompañada algunas veces de adjetivos negativos: indio bruto, indio sucio, indio animal… Al percibir que este apelativo tiene un significado despectivo, los adeptos del indigenismo recurren al uso de la palabra «indígena» y expresan que esta acción realizada era conveniente, porque a parte de ser un vocablo nuevo, es neutro. No ha sucedido lo mismo con los seguidores del indianismo, pues ellos prefirieron mantener o conservar el término «indio». Pese a su carga «despreciativa», lo han aprovechado para convertirlo en un término combativo, retomando las palabras de Domitila Quispe dichas en Azángaro, Perú (1922): «Si con el nombre de indio nos oprimieron, con el nombre de indio nos vamos a liberar». Ello es una forma de hacer suyo lo que es suyo, es decir el arma propia se vuelve en propia arma; arma de lucha para la liberación de los oprimidos. Tanto así que, toda movilización política de contenido descolonizador será pronunciada y ejecutada bajo el término «indio». Por otro lado, se podría señalar también que el grito de guerra de Domitila Quispe ha sufrido cierto trastrocamiento de valores, pues el término «indio» que ha sido utilizado, es reemplazado hábil y burlescamente por el de «perro». El forjador de esta situación nada agradable e impropia, ha sido el antropólogo Diego Pacheco Balanza3. Veamos:
«SI CON EL NOMBRE DE INDIOS NOS OPRIMIERON COMO INDIOS NOS VAMOS A LIBERAR», símil de (voz actual): «si… COMO PERROS LOS OPRIMIERON COMO PERROS SE VAN A LIBERAR»4.
Pareciera ser que Pacheco aún continúa viviendo con la tara y atmósfera mental anti indio, al igual que sus antepasados; me refiero a aquellos que no trataban nunca al indio como persona, sino como un animal. En otras palabras: son ideas «racistas» que aún perviven y se estrellan directamente contra el indio y más que todo, contra aquel que quiere utilizar el término «indio» para liberarse de la opresión secular.
Hablar de nuestra ideología es hablar del indianismo. Por eso, se hace ineludible el seguir hablando sobre esta corriente ideológica en este tiempo y espacio.
El indianismo es una construcción ideológica del propio indio y a partir de lo indio. Es decir, se toma lo indio (cultura y civilización) como factor primordial o bien superior para la liberación de los oprimidos, de los colonizados... De ahí, que entre uno de sus puntos importantes y primordiales está el conseguir una repetición hacia adelante del Tawantinsuyu, más o menos semejante hacia atrás. Esto es a nivel continental. En el caso nuestro, de los que vivimos en la mal llamada Bolivia, es lograr la reconstitución, a partir del presente, del Qullasuyu del pasado, pero modificado; vale decir, la reconstitución del Qullasuyu es la posibilidad de repetir la época de oro del pasado, del Qullasuyu ancestral, pero de distinta forma. Son concepciones que rescatan el sentir y pensar de los indios. A la vez, constituyen la base y la máxima razón de ser del peso esencial, sentimental y existencial de lo indio y del indio.
En el pasado hubo también, por parte de las organizaciones políticas indianistas, la revalorización de planteamientos ideológicos del indio y lo indio, como ser: sociedad comunitaria, retorno al Tawantinsuyu, gobierno de las bayetas, poder indio… Las mismas dieron como resultado claro que los indios abrieran anhelos, expectativas y esperanzas para su propia liberación. O sea, que el indio acepta, afirma y reivindica apasionadamente el indianismo. Ante esta situación, los partidarios e intelectuales de organizaciones políticas, tanto de izquierda como de derecha, encontraron difícil de contener la emergencia del indianismo. Por eso, ellos elaboran una estrategia básicamente «racista». He aquí el texto de Diego Pacheco Balanza (1992), que se coloca en esta línea:
«¿Qué es el indianismo? Ni derecha ni izquierda. Nacionalismo indigenista. Racismo anti-blanco»5.
Obviamente, es un interés que no coincide con el interés del indianismo. Es un interés que representa la posición (y los intereses) de quienes quieren disipar los esfuerzos políticos de aquellos que buscan la liberación bajo su propia ideología. Es decir, es una obstinación por romper el flirteo del indio (de los indios) con el indianismo. Además, lo que busca este accionar, es que seamos perennemente los partidarios y defensores de ideologías ajenas o colonialistas.
Pero esto no es todo. Se ha continuado usando malos medios en el pasado para combatir al enemigo ideológico y político. Ahora estará dirigida primariamente contra las organizaciones políticas indianistas como el Movimiento Indio Tupaj Katari (MITKA). En estas labores y en estas maquinaciones estuvieron comprometidos los intelectuales supuestamente llamados «indígenas». Como uno de sus impulsores más preclaros, se puede señalar a Esteban Ticona Alejo6, pues él se ha identificado sin reservas con el planteamiento de que el MITKA tiene una posición «racista», afirmando «que era por entonces la denominación que se daba a estas tendencias indianistas radicales»7. Casi de forma análoga, Javier Hurtado8 del lado no indígena, nos expresa que el MITKA «desde una óptica racista, adoptó una posición electoral más independiente»9. Dentro de estas líneas de pensamiento tan estrechas, resulta fácil y obvio designar al MITKA bajo la nominación de «racista». Pero, en lo que se dice hay posiblemente poca verdad, porque los motivos que llevaron a calificarlo de «racista» al MITKA, eran para restarle votos en las elecciones presidenciales de 1978. Al respecto, existen voces que corroboran este hecho y las mismas vienen por parte del MITKA:
«Los indios sabemos quiénes somos, qué terreno pisamos y a dónde vamos: ninguno que se crea todavía, amo y dueño de indios, minas y haciendas, nos hará desistir de nuestra lucha, atribuyéndonos calificativos infamantes y comentando socarronamente la presencia del MITKA en el otrora prohibido escenario político de la casta dominante (…). [Y además,] por no hallar un argumento valedero para seguir sojuzgando, ha optado por endosar su RACISMO al MITKA»10.
La disconformidad con el indianismo es la disconformidad con el indio. Si uno está disconforme con el indianismo es porque le causa antipatía la propia posición, las propias aspiraciones e intereses políticos e ideológicos del indio. Por este motivo, Víctor Hugo Cárdenas Conde11 tomando una actitud contra el indio, y más que todo contra el indianismo, plantea lo siguiente:
«El indianismo es, en cambio, un análisis, un discurso, una ideología y propuestas políticas que sobrevaloran el factor étnico. Por eso, los indianistas hablan de que el sujeto revolucionario es el indio frente al blanco. Yo no comparto esta posición (…)»12.
Al no compartir que el «sujeto revolucionario» sea el indio, nos da entender que este puesto estaría designado o reservado absolutamente a otro. Es la manera de conservar invariablemente al indio «en su lugar» y mantener «el lugar» del no indio. Con esto, nos hace notar que el indio se encuentra todavía poco preparado o poco maduro para «ser agente de la acción histórica». De ser correcta esta apreciación, el indio si quiere liberarse de su opresión, debería aceptar y apoyar a otro «sujeto revolucionario» que no sea el indio. A todo esto y a todos los que defienden el paternalismo colonial, bien estaría recalcar que: Negar la capacidad revolucionaria del indio es negar la capacidad de liberarnos como indios.
En la actualidad, que puedan existir y que en realidad existen afirmaciones contra el indianismo, es evidente; que existan no muchos, aunque constituyendo pocas personas, que son lo suficientemente capaces como para exteriorizar su antiindianismo, es cierto. Por consiguiente, aquí conviene mencionar a Fernando Untoja Choque13; él, escudándose en el anonimato, escribe el artículo titulado: Dos indianistas atrapados en el pasado; en ella quiere demostrar mediante sus críticas, que tiene una «autoridad moral» suficientemente vigorosa y capaz de mellar, desacreditar y socavar al indianismo. Esto es lo que dice:
«El indianismo es la nostalgia y reactividad del colonizado, víctima de la alienación que busca liberarse según los deseos del colonizador»14.
Son ideas trasnochadas y aberrantes. El verdadero pensamiento político e ideológico del indianismo no está direccionado por ese lado; porque con el indianismo, el indio (el colonizado) no es «víctima de la alienación», sino contrasta contra todas las formas de «alienación» existentes y que menoscaban considerablemente al indio y lo indio; más bien, al rechazar la alienación lo que trata es revitalizar lo indio. Tampoco «busca liberarse según los deseos del colonizador»; ya que los deseos del colonizador no son los deseos del colonizado. O sea, los deseos del colonizador son los deseos del colonizador y los deseos del colonizado son los deseos del colonizado. Uno siempre tiene la tendencia a oprimir y el otro a liberarse de su opresión. Por tanto, la lucha de los partidarios del indianismo siempre va a ser por los oprimidos (por los colonizados) y por que tengan una sociedad más justa e igualitaria: la sociedad comunitaria de ayllus.
Por todo lo dicho hasta aquí, se concluye que el ideal del indianismo ha sufrido ataques ideológicos por parte de sus enemigos políticos; más que todo por los enemigos del indio y lo indio. El resultado es la proyección de una imagen deformada, alterada y falseada de los indianistas y del indianismo. Y con estas aviesas maniobras querían echar abajo las pretensiones políticas e ideológicas del indianismo: la liberación de los oprimidos, de los colonizados, de los explotados… Finalizo con esto: «Ser indianista es no ser racista y ser racista es no ser indianista».
Notas:
1 BARRE, Marie-Chantal. Ideologías indigenistas y movimientos indios. México: SIGLO VEINTIUNO, 1985, p. 18.
2 Cfr. COLÓN, Cristóbal. Los cuatro viajes. Testamento. España: Alianza Editorial, 2000, p. 68-69.
3 Diego Pacheco Balanza, actualmente es asesor de la Ministra de Desarrollo Rural, Agropecuario y Medio Ambiente, Susana Rivero.
4 PACHECO BALANZA, Diego. El indianismo: «Filosofía, política y religión». En: Etnología. Boletín del Museo Nacional de Etnografía y Folklore. Año XIII. Nº 17-18. La Paz-Bolivia, 1989, p. 95.
5 PACHECO BALANZA, Diego. El indianismo y los indios contemporáneos en Bolivia. Bolivia: HISBOL/MUSEF, 1992, p. 17.
6 Esteban Ticona Alejo, es funcionario del actual gobierno; se desempeña como Director de la Academia Diplomática Boliviana y la misma es dependiente de la Cancillería.
7 TICONA ALEJO, Esteban. CSUTCB: Trayectorias y desafíos. La Paz: CEDOIN, 1996, p. 22.
8 Javier Hurtado, es Ministro de Producción y Microempresa.
9 HURTADO, Javier. El katarismo. La Paz: HISBOL, 1986, p. 104.
10 Racismo contra MITKA. En: «MITKA. Lucha contra todo racismo». Wiñaymarka. Órgano oficial del MITKA, Nº 1, Chukiawu-Kollasuyo, 1979, p. 3.
11 Víctor Hugo Cárdenas Conde, en 1993 hizo alianza con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), postulándose como candidato vicepresidencial de Gonzalo Sánchez de Lozada; ejerció el cargo entre 1993 y 1997.
12 VALVERDE B, Ludwing A. Terrorismo en Bolivia: Opina Víctor Hugo Cárdenas. En: TecnoPoder. Revista de Análisis Político. Año 1, Nº 2, Septiembre-Noviembre 1991, p. 22.
13 Fernando Untoja Choque, ha sido diputado desde 1997 hasta 2002, gracias a la coalición que tuvo en aquel tiempo su partido Katarismo Nacional Democrático (KND) con Acción Democrática Nacionalista (ADN) de Hugo Banzer Suárez. También es Director del periódico «Ayra… La voz libertaria.
14 Dos indianistas atrapados en el pasado. En: «Ayra… La voz libertaria». Nº 114, La Paz, Abril 2008, p 7.
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