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Editorial del Nº 35 del 7 de septiembre al 7 de octubre de 2008

Editorial

Esta «raza maldita»

¿A dónde nos conduce esta banalización de la discriminación y de la intolerancia?

«No queremos a esta raza maldita en nuestra tierra», vociferaba un dirigente de la Unión Juvenil Cruceñista mientras golpeaba a hombres y mujeres del occidente boliviano, cuando estos intentaban ingresar el viernes 29 de agosto a la plaza principal de la ciudad de Santa Cruz, para «festejar» la decisión del gobierno de convocar a referéndum dirimitorio y elección de prefectos.

Una vez más el racismo que impera en este país se expresó notoria y atrozmente. La agresión a los indios se ha vuelto acto común en este país, cosa insólita si se tiene en cuenta que tenemos precisamente un presidente indígena. ¿A dónde nos conduce esta banalización de la discriminación y de la intolerancia?

Supuestamente, el gobierno de Evo Morales iba a resolver los problemas pendientes de discriminación, exclusión y sometimiento colonial. En vez de desaparecer estos males, sus manifestaciones son cada vez más intensas y agresivas. Y tal parece que al gobierno esto le complace.

Curiosamente, el actual poder enarbola las imágenes de indios y trabajadores esclavizados, vilipendiados, agredidos o golpeados, como si fuesen logros propagandísticos. Quizás de esa manera quiere sensibilizar, sobre todo a sus aliados extranjeros, sobre la tremenda oposición que tiene en ciertos departamentos, apelando a la solidaria conmiseración para hacer viable su proyecto político. En realidad, el gobierno no se da cuenta que de esta manera está certificando su incapacidad para gobernar y para hacer respetar a los gobernados que lo apoyan y sostienen.

Esta situación se acerca a su punto crítico y si no se ponen en marcha mecanismos que detengan este sañudo curso de acontecimientos, el enfrentamiento racial de autodefensa será el único medio que dispondrán para protegerse quienes hasta ahora son impunemente agredidos.

El gobierno tiene aquí un verdadero desafío. El pueblo le exigió «mano dura», no en el sentido de ser agresivo y represor, si no en el de tener coraje y firmeza para aplicar políticas, y estas no siempre pueden ser de enfrentamiento, sino del necesario diálogo que, por el momento, es el único que puede evitar la catástrofe.

Y a quienes golpean a nuestros hermanos y gimen contra la «raza maldita» para defender a «su tierra», es bueno recordarles que ellos son recién venidos y que no pueden tratar así a quienes son legítimos propietarios de estos territorios. El derecho a vivir y prosperar en estas tierras, viniendo ellos o sus más o menos inmediatos antepasados de otros lares, tiene como condicionante la modestia y el respeto hacia quienes ya fructificaban en estos suelos.

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