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Artículo de portada del Nº 36, del 7 de octubre al 7 de noviembre de 2008

Vitalidad y permanencia:

Reformas de Estado y esencia de las autonomías indígenas

Jorge Luís Vacaflor Gonzáles*

Los partidos tradicionales se oponen al reconocimiento constitucional de  la Autonomía Indígena, oponerse a lo que ha existido siempre es un absurdo.
El oficialismo pretende haber descubierto la pólvora al incorporar la Autonomía Indígena en la futura Constitución, lo que es otro despropósito

I. AUTONOMÍA ORIGINARIA Y DERIVADA

Sociedad Andina
«La Autonomía Indígena, por su profunda fortaleza, por ser el elemento base de la sociedad andina, por ser el tempo andino, se la reconozca en la Constitución o no, seguirá existiendo». Fuente foto: http://www.cancosamarka.cl/portada.jpg

Hemos de entender por Autonomía Originaria aquella que es preexistente a la existencia del propio Estado, que no requiere su reconocimiento y que existe aún antes del establecimiento de los Estados nacionales. Por ejemplo, la Autonomía Indígena y las Autonomías Españolas; ambas existieron antes de la consolidación de sus respectivos Estados, mas aún los estados se constituyeron restringiendo o limitando estas autonomías.

La Autonomía derivada, es lo que ahora pretenden las regiones, es una forma de descentralización del Poder Central, la delegación de funciones a una entidad territorial inferior en este caso a las Prefecturas, como lo ha dicho en términos sencillos «compartir el poder»: que el Poder está mas cerca de la población.

En España antes de la consolidación del Reino de España, sobre una base lingüística existían fueros o reinos, que tuvieron que ceder o el Estado central les quitó sus privilegios a favor del Reino Español. La reconquista de España por parte del Reino de Aragón y Castilla, permitió que surja la Monarquía absolutista de España y la conquista de América fue la que financió la consolidación de la Monarquía Absolutista de España, en desmedro de los fueros de los diferentes reinos o señoríos españoles, estos dos fenómenos históricos dieron surgimiento al florecimiento y consolidación de la Monarquía española.

En las formalidades esta situación se mantenía, por ejemplo, en los documentos oficiales: El Monarca Español no firma como Rey de España, sino que consigna todos sus títulos. Firma como Rey de Castilla, de Jerusalén, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córcega, de Murcia de Jaén, de Algeriza, de Gibraltar, de las Islas de Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales. Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Bramante y Milán, Conde de Flandes, Tirol  y Barcelona, Señor de Vizcaya y de Molina. Es decir, que el Rey ejercía diferentes títulos en cada fuero o señorío.

La Monarquía Absolutista de España se consolidó gracias a la merma de los derechos y privilegios de estos fueros, que constituían entidades territoriales con sus propias características, con bases lingüísticas definidas y en algunos casos con sus propias normas. La Autonomía española parte de este fundamento histórico anterior a la existencia del Estado Español, y se trata de luchar por el reconocimiento de estas identidades preexistentes al Estado Español, y desde luego para poder lanzarse e incorporarse en la modernidad con su propia identidad, forjar su desarrollo en una comunidad nacional con una identidad propia.

II. LOS GRANDES SEÑORÍOS PREINKAS

Antes del surgimiento del Imperio Incaico en ese espacio las sociedades estaban organizadas en grandes Señoríos Étnicos o Curacazgos, cada uno de ellos con bases étnicas y culturales propias y muy diferenciadas.

En la parte que hoy es Bolivia se encontraban los Señoríos Lupacas, Pacajes, Umasuyos, la Confederación de Señoríos Charcas, la Nación Chiriguana que incursionaba permanentemente en los límites del imperio Inka, en una lucha expansiva de dos mundos, el mundo andino y el mundo guaraní.

La organización preinka de los señoríos o curacazgos andinos fue despreciada y descalificada por los cronistas, como una etapa atrasada en relación al Imperio de los Incas. El español Cieza de León, en su Crónica del Perú, al respecto dice «Todos ellos eran behetrías sin horden, porque cierto dicen no tener señores, ni mas que capitanes para la guerra

Pedro Pizarro por ejemplo señala: «antes que estos señores la sujetasen (es decir, el Imperio Inka) era behetrías, aunque havian algunos señores que tenían sujetos al gobierno pueblos pequeños cercanos a ellas, y estos eran pocos, y ansi en las behetrías traían guerras unos con otros

José de Acosta en su Historia Natural y Moral de las Indias manifiesta: «Hay conjeturas muy claras, que por gran tiempo no tuvieron estos hombres Reyes, ni República concertada, sino que vivían por behetrias»

Gutiérrez de Santa Clara al respecto dice: «Los indios viejos oyeron a sus mayores, y lo tienen hoy día en sus memorias y cantares, que hacía seiscientos años no tenían reyes sino unos señorangos».

Es decir, que los cronistas equiparan la organización de los señoríos andinos con una institución que existía en la Península, que eran las Behetrias.

Behetrias, de acuerdo a Corominas en su Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana1 proviene del bajo latín benefactoría, a través de benefetría y benefectria. Siguiendo al mismo Corominas se puede decir que una behetría era «una población cuyos vecinos tenían derecho a elegir su señor», eligiendo como tal a quien les hiciera mas bien.

Behetría de Mar a Mar: Según la cual los campesinos podían elegir a su señor entre candidatos de cualquier procedencia.

Behetría de Linaje: Según la cual los campesinos sólo podían elegir entre  habitantes de origen noble de la comarca, es decir, los naturales.

Los señoríos andinos antes del surgimiento de la autoridad imperial Inka no estaban sujetos a ningún poder central, y ellos mismos elegían a sus propias autoridades ya sea por linaje o por haberse destacado militarmente, este era el fundamento de su libertad y autonomía, con una base territorial, lingüística y cultural definidas.

Los grandes señoríos andinos preinkas, fueron la base organizativa social, política y cultural del mundo andino, fundados en los principios y en la lógica andina, que se encuentra vigente hasta la actualidad. La organización de los señoríos andinos se basaba en el principio de reciprocidad, la dualidad, el centro o taypi; la lógica del tiempo y espacio fueron los organizadores de los grandes señoríos preinkas.

Es pues en estos señoríos donde se ejercía la autonomía de los Ayllus, sin un poder central, sin sujeción, libres de elegir a sus caudillos y líderes, adorando su propia Huaca, con sus propios ritos, su propia vestimenta con colores que los distinguían de los otros señoríos; sus espacios territoriales definidos, que sin lugar a dudas siempre fueron objeto de disputa de límites entre ellos.

Esta autonomía fue la base del florecimiento de la sociedad andina, la verdadera autonomía indígena donde los señoríos eran «pares inter pares», ninguno asumía una hegemonía y si alguno pretendía dominar a otros, las alianzas de los otros señoríos hacían que sus pretensiones fracasen.

III. EL IMPERIO INKA

El surgimiento del Imperio Inka  y de su autoridad fue en base a la negación o limitación de las Autonomías y libertades de los señoríos andinos, los señoríos andinos lucharon en contra del poder imperial Inka, las luchas fueron cruentas. Los señoríos andinos dieron fiera batalla al ejercito imperial inka antes de claudicar su libertad y autonomía.

«La derrota de la Confederación Charka dio término a la conquista incaica del Collao, quedando como aliados de los invasores, en mejores términos que los lupacas y sin la humillación infringidas a los collas. Contra la política imperial de permitir que las etnias conquistadas  siguieran utilizando sus tierras para su propio provecho, aunque debiendo laborar una parte de éstas  para el beneficio del estado inca y otra para los sacerdotes imperiales, además de aportar una cuota mensurada de hombres para el ejército, los charkas fueron liberados de la obligación  de tributar en especie, pero en cambio debían «pagar» todos sus tributos como soldados. Particularmente favorecido fue el jefe de los Qhara-qharas, a cuyo hijo se le otorgó el privilegio de casarse con una de las hijas de Whayna Qhapac, el hijo y sucesor del conquistador Tupac Yupanqui. Algo absolutamente inusual en la historia de los incas, que revela que la expansión del Imperio empezaba a crear situaciones de mayor complejidad que las que podía resolver a través de la simple  exigencia de horas-hombres extraídas de la fuerza laboral de los Ayllus.»2

La institución de la reciprocidad andina sirvió para establecer un dominio vasto del Imperio Inka, el inka aceptó un margen mínimo de autonomía para los señoríos inkas; es decir, el respeto a sus autoridades tradicionales si es que aceptaban sujetarse a la autoridad imperial, el respeto a su «huacas» si a cambio respetaban y asumían la religión imperial del Sol (Inti); el pago del tributo a cambio del respeto de sus tierras. Es decir, se inició, se consolidó y se institucionalizó como política pública la reciprocidad asimétrica, que permitió un dominio absoluto y despótico de los inkas.

El Imperio Inka se impuso y desarrolló limitando y restringiendo las libertades y las autonomías de los señoríos indígenas. Es por eso que la autoridad imperial se impuso a la fuerza, de manera cruenta o por medio de las capitulaciones cuando se sometían voluntariamente.

IV. LA CONQUISTA Y LA COLONIA

Nadie puede negar que la conquista tuvo apoyo decidido de muchos señoríos andinos, que vieron en la llegada de los españoles una oportunidad de vendetta en contra de la autoridad imperial Cuzqueña. Muchos de los señoríos que se aliaron con los conquistadores vieron la posibilidad de recobrar sus libertades y su autonomía.

Esta estrategia de alianza para derrotar al imperio cuzqueño no dio resultado, por el contrario ayudó a los conquistadores a imponer su dominio. Pero nadie puede negar que para la caída del imperio Inka, uno de los factores mas importantes fue la revancha que los señoríos andinos vieron con la llegada de los españoles en contra de la dominación Inka.

El nuevo orden colonial se basó en imponer y continuar con la reciprocidad asimétrica, ya inaugurada por el imperio Inka. Se impuso el tributo en especie y en trabajo; se estableció la mita a cambio del respeto de las tierras de la comunidad. El respeto de las tierras suponía el respeto de sus autoridades tradicionales, los curacas, y el respeto de sus formas de vida. Si bien el régimen colonial no fue tan permisivo en el ámbito religioso, el sincretismo fue una forma de continuar con la adoración de las huacas.

Es así que el orden colonial impuso su dominio y autoridad en base al sistema de reciprocidad asimétrica, instaurada e inaugurada por los señores imperiales del Cuzco. Es así que para respetar los mínimos niveles de libertad y de autonomía de las comunidades indígenas, se impuso la terrible y genocida Mita, los repartos, y una serie de servicios y cargas para las comunidades, pero todo a cambio de que el orden colonial respete un mínimo de margen para el ejercicio de su libertad, de su autonomía, que consistía en el respeto de sus autoridades naturales, respeto a sus tierras comunales, el respeto de sus tradiciones y costumbres.

V. EL ESTADO REPUBLICANO

Si bien se eliminó la mita, el Estado Republicano fundado el 6 de agosto de 1825, mantuvo el Tributo Indígena casi hasta fines de ese siglo, ya que fue el ingreso más importante para la joven república, nacida con el aporte funda-mental e importante del tributo indigenal.

A fines del siglo XIX y durante el XX,  el nuevo florecimiento de la actividad minera y comercial, determinó que los excedentes fueran destinados a la expoliación de las tierras de comunidad y la expansión de las haciendas, en desmedro de las tierras de comunidad.

El Estado Republicano rompió el pacto no escrito entre el Estado y las comunidades indígenas. Los mismos aires de modernidad que trajo aparejado el liberalismo hacía que las autoridades tradicionales no sean aceptadas como interlocutores validos para el Estado Republicano de inicios del siglo XX. Por esta razón, el papel predominante que asumieron los Apoderados de la Comunidades en la defensa legal de la tierras de comunidad.

La Revolución del 52 inauguró un nuevo pacto entre el Estado nacionalista y las comunidades indígenas: el respeto a sus tierras y la restitución de las mismas a cambio del voto, redefinió el Pacto entre el Estado y las comunidades indígenas. Sin lugar a dudas el respeto a sus autoridades en este pacto es uno de los más fundamentales. Aunque sea con el nombre de sindicatos agrarios,  no sólo se garantiza el respeto de sus tierras, sino también la posibilidad de elegir a sus propias autoridades, de acuerdo a su sistema jurídico indígena.

VII. LAS SUBLEVACIONES INDÍGENAS

Las sublevaciones indígenas se produjeron fundamentalmente por el hecho de desconocer los límites de la Autonomía indígena y el desconocimiento de sus autoridades tradicionales. Tupac Amaru tuvo que pelear por el reconocimiento de su curacazgo; Tomas Katari tuvo que viajar hasta Buenos Aires, sede del Virreynato de La Plata, para exigir el respeto de su cacicazgo, que había sido desconocido por las autoridades criollas.

Si bien las sublevaciones indígenas asumen formalmente como una defensa de las tierras de la comunidad, es en esencia la lucha por el espacio territorial donde se ejerce un grado de autonomía respecto de los diferentes Estados.

El territorio no está en función de los recursos naturales, sino en función del espacio donde se ejerce una autoridad, donde existe la reproducción social, cultural y económica.

La lucha por la tierra es, en definitiva, la lucha por la libertad y por la autonomía: poder ejercer sus formas de vida, ñande reko (nuestro modo de ser) en guaraní.

VII. AUTONOMÍA INDÍGENA ORIGINARIA

En Bolivia existen dos tipos de Autonomía, la institucional, que corresponde a la Universidad Pública y la territorial, que corresponde a los Gobierno Municipales Autónomos. Ambas basan su autonomía en lo siguiente:

La elección de sus autoridades;
la definición de sus normas, y
la administración de sus bienes

Las comunidades indígenas del país eligen a sus autoridades en Asambleas; los eligen aplicando sus sistemas jurídicos indígenas o, en el caso de los sindicatos campesinos, sus estatutos.

En las comunidades indígenas y campesinas no se aplica el voto, personal y secreto. Rige para ello su sistema jurídico: el turno, la gradualidad, el consenso, el mérito, la tenencia de la tierra y su relación con el ejercicio de cargos, etc.

Ni el Presidente de la República, ni el Prefecto ni ninguna autoridad administrativa, legislativa o judicial puede destituir a una autoridad natural o tradicional de la Comunidades Indígenas y Campesinas. Es ese el profundo grado de autonomía que ejercen las comunidades.

Además, ellas mismas administran los menguados recursos económicos que tienen, aunque tienen una fuerte decisión en lo que respecta a los recursos naturales como la tierra, los aspectos familiares, culturales, donde la injerencia del Estado es casi nula o subsidiaria, cuando lo deriva la comunidad a conocimiento de las autoridades estatales.

La autonomía indígena no ha necesitado de ninguna Ley, de ninguna voluntad política, porque es originaria, es la base y fundamento de la sociedad andina. Anterior a la existencia del Estado Inka, sobrevivió a la hecatombe que supuso la Conquista y el Estado Colonial y logró superar los diversos intentos de modernización del Estado Republicano. La autonomía indígena ha existido y seguirá existiendo, porque no le debe nada al Estado. Su legitimidad no surge de una Ley o de la Constitución Política del Estado, la democracia de las comunidades y sus organización es lo que Bolivia puede aportar como propio al mundo y a la actual modernidad.

Los partidos tradicionales se oponen al reconocimiento constitucional de  la Autonomía Indígena, pero oponerse a lo que ha existido siempre y a lo que existe, inclusive antes del surgimiento del propio Estado, es un absurdo.

El oficialismo pretende haber descubierto la pólvora al incorporar la Autonomía Indígena en la futura Constitución, lo que es otro despropósito.

Simplemente se trata de constitucionalizar, de reconocer en el texto constitucional, algo que existe y está ahí.

El Señor Prefecto de Santa Cruz, por muy Prefecto y Comandante del Departamento que sea, no puede destituir ni cambiar al Capitán Grande de Kaipependi Kaarovaicho, por ejemplo. Tampoco el Presidente Evo Morales, con toda su investidura, no puede destituir ni cambiar al Jach’a Mallku de Jesús de Machaca: tal es el alto grado de autonomía indígena.

Es necesario incorporar esta autonomía indígena en la estructura estatal, que sea visibilizada y eso se hace de una manera muy simple: otorgándoles recursos económicos. Se ha dicho hasta la saciedad que se tiene una deuda histórica con los indígenas, es la oportunidad de saldar esta deuda.

La Autonomía Indígena, por su pro-funda fortaleza, por ser el elemento base de la sociedad andina, por ser el tempo andino, se la reconozca en la Constitución o no, seguirá existiendo, como una realidad práctica en las comunidades indígenas y campesinas. Entre los riscos de los andes, el vuelo de los cóndores, los rugidos de los jaguares; entre la coca y la mandioca, el maíz, y los pututus  seguirá vigente y viva la autonomía indígena, como el espacio donde la comunidad vive su libertad y es el límite de cualquier Estado.

VIII. EL ESTADO PLURINACIONAL

La Nación, como se conoce, es un hecho histórico que surge en Europa, es el espacio donde ha de desarrollarse la burguesía emergente. La Nación ha de ser la tumba del Régimen Feudal y la cuna de la Burguesía Liberal.

Y la visión eurocéntrica, liberal, burguesa, exportó de manera mecánica el concepto y noción de nación a todo el mundo. Acaso nuestros pensadores de izquierda y progresistas no han criticado de cómo han surgido las naciones latinoamericanas supeditadas a las necesidades de las metrópolis y no a la realidad Latinoamérica.

Como en África, las potencias han creado naciones, que no corresponde a la realidad, sino simple y llanamente para afianzar su predominio sobre los recursos naturales de dicho continente, lo que ha motivado guerras permanentes y que han enlutado a dicho continente.
Los nacionalismos han sido lo más nefasto de la época moderna, comparable con la guerra de religiones en la Europa de la Edad Media.

El concepto de Estado plurinacional se acuñó en el pensamiento estalinista como un justificativo para el dominio imperial de la Rusia comunista respecto de las otras naciones; fue el término eufemístico para designar a la cárcel de los pueblos en que se convirtió la República Socialista de la Unión Soviética, heredera de la Rusia Imperial, fue el término que sirvió para justificar el dominio y sujeción de las naciones no rusas al imperio soviético.

Ahora, de manera mecánica se pretende imponer el concepto de Estado plurinacional a una realidad distinta, pero como una frase vacía, de marketing político, sin un correlato operativo con la realidad política del país.

Por esto mismo es que lo plurinacional queda en la parte declarativa de principios de la Constitución Política del Estado como un verdadero saludo a la bandera y sin ningún correlato en la estructura estatal.

Lo plurinacional ni le suma ni le resta a la Autonomía Indígena Originaria, que es verdaderamente la estructura política social que ha permitido el florecimiento y la supervivencia de las sociedades andinas y de las comunidades de las zonas orientales y amazónicas: Segura-mente el Estado Plurinacional pasará como pasó la URSS; pero, fuerte y fortalecida la estructura organizativa andina que se ejerce en los Ayllus, las Markas, los Cabildos, las Capitanías seguirá vigente. Esta autonomía indígena, la originaria, la que tiene el made in Andes y Amazonía, ha visto pasar el Estado Inka, la Conquista, la Colonia y el Estado Republicano y ellas han quedado firmes y vigentes. Por ello, esta forma de organización, esta autonomía, está más allá de cualquier tipo de Estado y por sobre cualquier Estado.

Desde que se puso en boga en la vida política la demanda de los pueblos indígenas, las reformas constitucionales de los países latinoamericanos han competido por estar a la vanguardia. Por ello el gobierno nacional quiere ponerse en la vanguardia de las reformas constitucional en América Latina introduciendo el término plurinacional y de esta manera demostrar a la comunidad internacional que es un Gobierno de vanguardia, aun-que para ello se haya copiado mecánica-mente un concepto eurocéntrico de nación, que es la base donde floreció el capitalismo y los principios liberales; que contradictoriamente tanto critican.

Bolivia es un país democrático y comunitario, aunque no lo diga el texto constitucional, porque conviven la democracia liberal y la democracia comunitaria; esto nos hace a la vez universales y también profundamente particulares.

* Jorge Luís Vacaflor Gonzáles, es abogado, ex Asesor de Asuntos Agrarios y Pueblos Indígenas de la Vicepresidencia de la República. jlvacaflor@hotmail.com

1 COROMINAS, Joan. Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana. Ed. Gredos, Madrid, 1954.

2 Etnias Circuntitikaka Ulteriores.

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